La responsabilidad no es un algoritmo
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Hace casi 20 años hablábamos de responsabilidad de intermediarios de internet, fui de las que aceptó y defendió un consenso más o menos cómodo: los intermediarios eran solo eso, “simples intermediarios”. Un tubo por el que pasaba la información. Sí, el tiempo nos pasó factura, no era tan “simple”. Resulta que seleccionan, ordenan, recomiendan, amplifican, monetizan y, ahora, generan contenido. Llegó la hora de hablar de inteligencia artificial y el error sería repetir la historia.
Yuval Noah Harari lo advierte: no cometamos el error de atribuirle personalidad jurídica a las máquinas. Hacerlo convertiría a la IA en el nuevo “culpable” perfecto, una entidad artificial a la que culpar mientras quienes diseñan, entrenan, comercializan y despliegan estos sistemas se lavan las manos. Es como si el carro chocara y le echáramos la culpa al motor.
Volvamos a las bases de la teoría de la responsabilidad: quién intervino, qué hizo, qué podía prever, qué capacidad tenía para prevenir el daño y qué beneficio obtuvo. Porque, como aprendimos en la universidad, en esta cadena no todos son iguales.
Ahora bien, la cadena de la IA es larga y se alarga cada vez más. Además del desarrollador del modelo, del proveedor de........
