El peligro de una campaña sin debate
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Hay un síntoma silencioso en esta campaña presidencial que revela más sobre Colombia que cualquier encuesta. Me refiero a la coreografía con la que los candidatos evitan, condicionan o aceptan los espacios de debate. Uno se niega bajo el argumento de que el debate se ha contaminado con la “cultura del espectáculo”. Otro condiciona su participación a debatir solo con quienes considera su verdadera competencia. Un tercero anuncia que no asistirá si el primero no asiste. La ciudadanía asiste, mientras tanto, a una negociación previa al diálogo que nunca llega.
El síntoma revela un equívoco profundo: hemos confundido la polémica con la deliberación. Y son dos órdenes del lenguaje distintos, casi........
