Los ojos de papá
En Juárez las jornadas extenuantes se han normalizado. Aquí proveer se convirtió en una forma heroica y dolorosamente incompleta de paternidad, con todo lo que implica. Esa frase, “a mis hijos no les faltó nada”, suele ser el escudo de una generación que midió el amor en términos de provisión material, techo y sustento.
En entornos con una cultura laboral tan competitiva como la de esta ciudad, donde por décadas las “horas extra” son bienvenidas y premiadas junto a una dinámica de vivir para trabajar, ese proveer se convierte en una dolorosa condena emocional para la siguiente generación.
Cuando el éxito de un papá se evalúa sólo por lo que pone sobre la mesa, se genera un vacío invisible que deja profundas heridas emocionales: la herida del abandono y la "ausencia presente", el rechazo y aceptación condicionados al rendimiento, y una anestesia afectiva que nos enseña a hablar de todo,........
