Cincuenta años amaneciendo con nosotros
Hay muchos sonidos que marcan la infancia. En mi casa, uno de ellos era el golpe seco del periódico contra la puerta. Era la señal de que el día comenzaba y de que el mundo, ese mundo más allá de nuestra calle, ya estaba impreso y listo para leerse.
Durante cincuenta años, Diario de Juárez ha sido más que un medio de comunicación: ha sido compañero de mesa, testigo silencioso de desayunos apresurados y confidente de sobremesas largas. En mi memoria, lo veo puntual, doblado con precisión, esperando sobre la cocina mientras mi madre preparaba el desayuno y le acomodaba a mi papá su mesita en la cocina. Él leía con atención, entendiendo que cada noticia era una pieza indispensable para comprender lo cotidiano, el rumbo de la ciudad y del mundo. A veces leía en voz alta alguna noticia de interés; otras, simplemente en silencio, sabiendo que ese momento era solo suyo. Y así aprendimos en familia a escuchar el crujir del paso de las hojas entre las manos y a percibir el olor inconfundible de esa tinta fresca que se mezclaba con el aroma del café recién hecho.
Desde niña aprendí que el periódico no era un objeto decorativo: era una herramienta. Me sirvió para hacer tareas, para buscar datos, para recortar sílabas e imágenes y entender palabras nuevas.
Antes de que todo estuviera a un clic de distancia, estaba el ritual de hojear,........
