Purga de “traidores” y Plan B pegarán también en casa
Existe cada vez más la fundada sospecha de que la reforma electoral fue para quedar igual, con todo y show mercadológico. A salvo la imagen del régimen federal que prometió en campaña electoral menos diputados y senadores plurinominales, con cargo a la supuesta furia de los aliados, al final ganadores de que la representación proporcional siga en el futuro como está ahora. ¿Fuego controlado? Veamos:
Hubo polémica en medios de comunicación, pero no existió realmente discusión de fondo, ni rompimiento al nivel que ponga en riesgo la continuidad de la avalancha cuatro té, por el momento.
Es cierto, sin embargo, que no todo quedó planito, idéntico. El gobierno federal busca escapar de señalamientos que siquiera deslicen el incumplimiento de compromisos de campaña, entre ellos la revisión de los pluris, el financiamiento a partidos y la desaparición de los órganos electorales locales.
Por ello, viene a partir del martes lo que la oposición llama una versión descafeinada de reforma electoral, pero que, viéndola con lupa, trae elementos que modificarían la correlación de poder.
Particularmente la nómina burocrática dorada en los 32 estados y dos mil 477 municipios, cientos de cargos para operadores de medio y alto pelo, desde regidores y diputados, con sus asesores y asistentes.
Hay entonces algo o mucho de dardo envenenado, con un ingrediente: Partido Verde y Partido del Trabajo, y PT, batallarán para decirle que no de nuevo a la presidenta, después de “batear” la reforma constitucional y jurar amor eterno.
Ciertamente es el Plan B jugada de fondo, que toca más que de rozón a los aliados de la 4T, indispensables para la gobernabilidad en el ámbito federal y local, que al mismito PAN y PRI.
Resentirá el PRIAN, pero si ellos son afectados, lo serán más aún quienes ocupan los últimos lugares de preferencia electoral.
Con las baterías apuntando hacia municipios y estados, para achicar congresos y cabildos, golpeando sueldos de burocracia dorada, sabe Morena —o al menos debe saberlo— que está descobijando no solo a sus aliados, sino a su misma gente, que ha venido colonizando toda esa nómina, que se cuenta en miles de millones de pesos a lo largo y ancho del territorio.
Una miel que difícilmente querrán abandonar.
El recinto legislativo de San Lázaro fue escenario de lo que bien puede describirse como una representación dramática durante la fracasada votación. Aprovecharon, inclusive, morenos y aliados para aventarse el lodo que en secreto traían guardado entre unos y otros.
Morena no logró la mayoría calificada: solo 259 votos a favor frente a 234 en contra, de la oposición y de la chiquillada amiga, sus aliados PT y PVEM.
Lejos del escándalo que cabría esperar ante un revés de tal magnitud, el oficialismo respondió con una sonrisa llena de sarcasmo negro y el anuncio inmediato de la puesta en marcha de un "Plan B".
Esa conducta ha construido la idea en el imaginario colectivo de que la reforma nunca fue un intento real ni de consenso democrático ni de intento de imposición.
Más bien fue un complejo instrumento de mercadotecnia política diseñado para ganar perdiendo.
Basta para ello recordar que con López Obrador hubo una operación coercitiva de gran calado, que culminó con los Yunes haciéndose guindas y forzando ausencias de legisladores incómodos. Mano dura para alcanzar los votos. Ya ven, acá en el Congreso del Estado hasta una salida al baño fue pretexto para la “traición”.
No ocurrió de nuevo esa operación metaconstitucional.
Ello, pese a lo inverosímil de la reforma que auguraba aniquilación de verde ecologistas y petistas; Pablo Gómez, orondo, siguió con el plan, empujando a la 4T a un “precipicio” político.
Difícil creer que Pablo iba solo en ese diseño.
Desde antes de que la reforma fuera llevada a San Lázaro y autorizada en comisiones de manera fast track para ser subida al pleno, la presidenta Sheinbaum ya anticipaba el "yo ya cumplí".
La promesa de campaña estaba siendo saldada con el intento de legislación abortado por el lance desesperado de sobrevivencia de los aliados.
Como que el régimen buscaba construir una narrativa de confrontación. Un distractor, exhibiendo de nuevo el lujo, el dispendio y los excesos.
Muerta la reforma electoral, el Plan B se asoma ahora como una herramienta para visibilizar a opositores y aliados rebeldes como grupos que buscan conservar privilegios.
Indudable la habilidad para calentar a la base social de cara a las elecciones intermedias de 2027 con el argumento de que el sistema sigue infestado de "élites" que bloquean la transformación.
Pilares del fracaso del Plan A fue la inesperada “ruptura” con el Partido del Trabajo (PT) y el Partido Verde (PVEM).
Por primera vez desde 2018, los aliados históricos dejaron sola a Morena en una votación fundamental, en decisión que tiene aroma a "traición" en las filas guindas.
La negativa de PT y Verdes, en cálculo de supervivencia, no representa por el momento divorcio ideológico, aunque los duros difícilmente justifiquen la negativa a firmar su propia acta de defunción.
Sin compasión alguna, la respuesta mediática del oficialismo ha sido virulenta contra legisladores disidentes: "Judas” y "animales rastreros".
Las mantas en Oaxaca estigmatizaron a los legisladores rebeldes, en un clima hostil que se extendió por todo el territorio nacional.
En Chihuahua hicieron bullying inmisericorde contra Lilia Aguilar, en grado superlativo, con motes impronunciables, groseros, que rayan en actos delictivos.
Por menos que ello Morena y sus dirigentes han interpuesto demandas millonarias y rasgado vestiduras por violencia política de género. Aquí cero empatía, ausente sororidad. Por algo ha de ser. Derecho al grito, no al rompimiento.
A tal grado ha llegado la especulación con respecto a PT-Verde, que hay expectativa si alguno de los partidos nuevos que serán autorizados en estas fechas próximas podría ser el nuevo mecanismo para desahogar votos y alcanzar un nuevo equilibrio de fuerza parlamentaria, para garantizar legisladores plegados a los designios oficiales.
El núcleo publicitario del Plan B es la "austeridad republicana". La propuesta busca reducir los presupuestos de los Congresos locales y disminuir el número de regidores en los ayuntamientos.
Aunque el discurso suena atractivo para una ciudadanía cansada del dispendio, en los hechos representa una intromisión directa en la autonomía de los estados y los municipios.
El Plan B pretende dictar desde el centro cómo deben organizarse internamente las entidades federativas, lo que constituye una vulneración al Pacto Federal al intentar imponer límites presupuestales a las legislaturas locales y cabildos.
Quitar cuatro mil millones de pesos de nómina tendrá como efecto pequeñísimos planes de obra en bacheo y drenaje, muy poco impacto real.
Lo importante no es ello. La clave es desarticular liderazgos locales, pegar a la nomenclatura partidista de oposición, golpear a esos cientos de operadores en el financiamiento que les permite funcionar. ¿Ahora con qué dinero los pobres diputados locales y regidores harán gestión? Ni modo que con sus salarios.
Van otras reformas en el mismo paquete: agregar temas electorales a las consultas populares, empatar la revocación de mandato en el 2027 para meter a la boleta la popularidad presidencial, el aplazamiento de la elección judicial, etcétera, que merecen análisis aparte, pero que no pegan realmente en la nueva disputa operativa por el poder, como sí lo hará la modificación en materia de congresos y regidurías.
Se oye muy bien bajar gastos y sueldos, pero quienes están realmente en la operación cotidiana saben que ese tipo de decisiones pegarán a la 4T, porque no hay entidad federativa donde no estén. Podría ser un disparo en el pie.
Gobierna la 4T el 74 por ciento de los municipios, mil 832 de los dos mil 477 existentes en el país; dominan 24 de las 32 entidades federativas.
Cualquier modificación impactará en sus huestes, su base, que ha venido colonizando todos esos espacios, a menos, claro, que de nuevo la intentona legislativa sea demagogia con anzuelo.
Como mero instrumento de propaganda, de confrontación y de exhibición, que encuera a sus adversarios e irremediablemente a sus aliados, que carecen de la disciplina y cuerda inmediata, suena muy bien.
Lo otro es descobijar a miles de operadores que esperan su quincena para seguir manipulando políticamente con pizcachas de “apoyos extras”.
Con seguridad, PVEM y PT ya lo han dimensionado.
