La nueva religión
No deja de sorprenderme el historiador israelí Yuval Noah Harari. En la trilogía que terminó con 21 lecciones para el siglo XXI, plateó la crisis de las religiones y de la democracia porque se fundamentan en mitos, por lo cual era necesario crear un nuevo relato que convenciera a muchos y nos permitiera enfrentar los desafíos de nuestro tiempo. Del mito de Dios soporte de la cultura o estructura religiosa que dominó la Edad Media, pasamos al mito del sujeto o la persona como nuevo soporte del poder en las democracias. Las 21 lecciones terminan con una invitación a la meditación, asunto fuera de contexto.
Luego lanzó el texto Nexus, en el que encontré una aproximación a la filosofía del siglo XX, en particular, a lo que se llama el mundo simbólico. El libro tiene este subtítulo: Una breve historia de las redes de información desde la Edad de Piedra hasta la IA.
“El argumento principal de este libro –Escribe Harari— es que la humanidad consigue un poder enorme mediante la construcción de grandes redes de cooperación, pero la forma en que se construyen dichas redes la predisponen a hacer uso imprudente del poder. Nuestro problema, por lo tanto, tiene que ver con las redes, más concretamente es un problema de información”. Piénsese, por ejemplo, en la red o nexo creado por la izquierda en Colombia y que está próximo a destruir nuestras familias y la democracia.
Harari usa como ejemplo la religión: “Profetas y teólogos han invocado espíritus poderosos que se supone aportarían amor y alegría, pero que de tanto en tanto terminaron regando el mundo de sangre”. Piénsese en la crisis actual de Irán, la guerra entre musulmanes de Pakistán contra Afganistán para no hablar de los genocidios realizados en la Edad Media por la inquisición católica.
Ahora veamos la relación de Harari con el estructuralismo del siglo pasado. Para este movimiento filosófico, no existe el sujeto o el yo, sino que es una creación mental o una idea. Recordemos que Harari define al ser humano como un algoritmo comparable con una fórmula, una receta de cocina o el algoritmo de una aplicación de internet. Por otro lado, Harari distingue tres niveles de realidad: subjetiva, objetiva e intersubjetiva. En esta última incluye las palabras, significantes y símbolos. Para el estructuralismo, nuestra realidad es dada por el lenguaje, nuestro mundo es simbólico, hecho de ideologías, doctrinas que generan poder en las iglesias, partidos políticos, gobiernos, etc.
De allí, Harari concluye que la nueva religión es el dataísmo, el poder de los datos, de los algoritmos o de la Inteligencia Artificial, IA. No tiene sentido hablar hoy de religiones pasadas que están en vías a desaparecer como todos los grandes relatos, incluidos la democracia y el comunismo. Tampoco tiene sentido hablar de ateísmo, tal como nos enseña la mecánica cuántica: la pregunta sobre la existencia de Dios no tiene sentido. El nuevo dios son los datos que van a resolver los problemas sociales, en lo que fracasaron los dioses y los partidos políticos.
