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La Cuaresma y Juárez

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03.03.2026

“Tanto la tradición religiosa como la vida juarense se definen por aprender del dolor, de la resiliencia, sostener la esperanza, la ayuda al prójimo y, como lo he mencionado en varias ocasiones, a no rendirse ante la dificultad”

La Cuaresma y Ciudad Juárez tienen más en común de lo que siquiera pudiéramos imaginar. Ambas están marcadas por la resistencia: la primera invita al sacrificio y a la reflexión como camino hacia un cambio espiritual, mientras la ciudad ha tenido que adaptarse una y otra vez con el paso de los años frente a las problemáticas como la migración y las crisis económicas.

Además, ambas se viven de manera colectiva: la Cuaresma no tiene sentido sin comunidad, del mismo modo que Juárez se ha construido a partir de la solidaridad de quienes llegamos y quienes nos adaptamos a esta frontera.

Sin embargo, estas similitudes suelen pasar desapercibidas en el ritmo acelerado de la vida diaria de una ciudad como la nuestra, que además de ser frontera, se caracteriza por su dinamismo industrial y cultural, y es así que entre jornadas laborales extensas, flujos constantes de migración y una economía que exige adaptación permanente, la reflexión suele quedar en segundo plano.

Aun así, cuando se habla de Cuaresma, la tradición se mantiene viva, aunque transformada: por ejemplo, ya no siempre se practica desde una fe profunda, sino como un hábito social heredado: tomar ceniza, celebrar la Pascua en familia, entre otras prácticas. Lo cual hace que las costumbres persistan —como evitar comer carne—, pero muchas veces se desconectan de su sentido original de introspección y cambio interior.

La Cuaresma sigue siendo un tiempo valioso de reflexión en Ciudad Juárez, pero no dejemos que se convierta en una simple costumbre sin un impacto real en nuestra vida diaria, esforcémonos por que conserve su fuerza original: la oración, el ayuno y la limosna, que deberían traducirse en acciones concretas de solidaridad, empatía y compromiso con los problemas que enfrenta nuestra comunidad juarense.

Veamos y vivamos la Cuaresma como una pausa necesaria dentro de nuestra ya compleja realidad fronteriza, como un período que nos invita a detenernos y cuestionarnos las propias acciones, algo cada vez más escaso en estos tiempos.

Sólo así veremos la experiencia cuaresmal y la experiencia fronteriza como etapas de lucha que buscan una transformación después de un período duro.


© El Diario