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Quitar a Juan para poner a Pedro

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16.05.2026

Ciudad de México.- "Conseguí trabajo en Puebla" -dijo Babalucas. Preguntó uno: "¿De qué?". "De los Ángeles". (Un chiste más como ése y mis cuatro lectores quedarán reducidos cuanto mucho a dos). Ignoro si el relato que en seguida narraré es realista o surrealista. Sea lo que fuere es un cuento fantástico, lo cual lo dota de realismo. No hay nada como la irrealidad para retratar la realidad. En cierta ciudad del noreste donde Pemex tenía -o tiene, ya no sé- refinería, vivían ocultos dos leones que hacía varios meses habían escapado de un circo. Una noche se encontraron casualmente. Uno se veía flaco, famélico, escuchimizado. Las costillas se le dibujaban; se le había caído la melena; ya no tenía fuerzas casi ni para caminar. El otro, en cambio, estaba rozagante, pimpante, exuberante. "¿Qué te sucede? -le preguntó el gordo al flaco-. ¿Por qué te ves así?". "Es el hambre -respondió penosamente el macilento-. Sólo encuentro comida en los botes de basura; estoy al borde de la extenuación". "Haz lo que yo -le aconsejó el panzudo-. Todos los días voy a la refinería de Pemex y me como un ingeniero. Ya llevo un año haciendo eso y todavía no se han dado cuenta". La historietilla ilustra el caos y la desorganización........

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