Espectáculo de élites
Ciudad de México.- Sin darse cuenta don Lenorio pasó de la edad de la pasión a la edad de la pensión. Un amigo suyo se lo topó en la calle. "Supe que te jubilaste". "Así es" -confirmó él. "Y ¿qué haces ahora?". Contestó: "Ya sabes: el que se retira expira. Para ocuparme puse un negocio". "¿Ah sí? -se interesó el amigo-. ¿Qué clase de negocio?". "Un congal" -respondió con desparpajo el jubilado. El amigo se sorprendió: don Lenorio había sido siempre un hombre serio, morigerado y circunspecto. "¿Un congal?" -repitió sin poder dar crédito a lo que sus oídos -los dos- habían escuchado. "Así es -repitió el señor-. Y es un congal muy bueno. Si quieres mujer hay mujer. Si quieres hombre hay hombre". Observó el amigo: "Has de tener mucho personal". Replicó don Lenorio: "Apenas estamos empezando. Ahorita somos nada más mi esposa y yo". Caso por completo diferente es este otro. Cierto partido político perdió su registro, y con él las suculentas prerrogativas en dinero que hacían de la organización un magnífico negocio gracias al cual sus dirigentes podían darse vidas de reyes a pesar de ser ésta una república. Ya sin tales entradas el........
