El mal reciclado
Hace unos días fuimos a un punto limpio para deshacernos de unas cajas de cartón de grandes dimensiones. La encargada del lugar nos advirtió de ... que los contenedores estaban muy llenos y nos pidió que intentáramos apilar los cartones en altura para no obstruir la entrada al receptáculo. El suelo del contenedor estaba mojado por la lluvia reciente y la mayoría de los cartones empapados, el aire cargado de un fuerte olor a papel viejo y mojado. Mientras daba saltitos para intentar encumbrar mis cartones en la pila, tropecé con una caja repleta de libros antiguos mojados y ya enmohecidos por humedades antiguas. Apenas podía ver los títulos pero una cubierta me llamó la atención: sobre un fondo que en su momento fue blanco, había dibujadas con tinta negra dos manos encadenadas; la derecha sujetaba una pluma con la que había escrito: Alexandr Solschenizyn y, debajo, Archipiélago Gulag. La pluma reposaba en el palito largo y descendiente de la G. Saqué el libro de la caja, lo sequé como pude con la mano, le quité una telaraña del canto. Lo abrí con delicadeza: era la primera edición española, publicada por Círculo de Lectores en 1974, en la que se incluyen las dos primeras partes de este trabajo monumental que denuncia los crímenes estalinistas desde la perspectiva del testigo.
Decidí llevarme esta pequeña joya a casa, pensando quién se habría deshecho de ella de forma tan desconsiderada. Posiblemente fue alguien que ni siquiera lo había leído o que estaba limpiando la casa de un familiar difunto, alguien a quien sobraban las cosas viejas. Limpié el libro con un paño, le quité la mugre superficial y........
