Salud mental en el trabajo
Euskadi vuelve a situarse ante un espejo incómodo: el del malestar laboral y sus consecuencias en la salud mental. Las cifras son elocuentes y bien ... inquietantes. Se han detectado más de 600 casos de estrés y acoso laboral en dos años, mientras el País Vasco encabeza, después de Canarias, el absentismo vinculado a problemas psicológicos. No se trata de datos aislados ni de una tendencia pasajera, sino de un síntoma estructural que interpela tanto a empresas como a instituciones y merece un serio debate de país.
El informe de Osalan revela que desde hace años se percibe que en algunos centros de trabajo la presión, la incertidumbre y las dinámicas organizativas deficientes parecen erosionar el bienestar de los trabajadores, que se muestran vulnerables. El estrés laboral ya no es una cuestión individual, sino cada vez más un problema con impacto directo en la productividad, el clima laboral y la cohesión social. No obstante, el mismo informe introduce un elemento esperanzador. Cerca de 5.000 empresas vascas han establecido ya protocolos para la resolución de conflictos. Este hecho refleja una creciente conciencia sobre la necesidad de intervenir antes de que los problemas escalen. Es una aplicación de la prevención de riesgos tan necesaria a la hora de proteger la salud laboral. La prevención, la mediación y la cultura del diálogo empiezan a abrirse paso en el tejido empresarial. Un síntoma de madurez como sociedad.
Pero conviene no caer en la autocomplacencia. La existencia de protocolos no garantiza por sí sola su eficacia. La clave reside en su aplicación real, en la formación de los equipos directivos y en la creación de entornos donde denunciar situaciones de acoso o estrés no suponga un riesgo añadido para quien lo sufre. La confianza es un elemento imprescindible, y aún queda camino por recorrer. Y mucha pedagogía.
Euskadi tiene ante sí un doble desafío. Por un lado, reducir de forma efectiva los niveles de absentismo por salud mental, que lastran tanto a las empresas como al sistema público. Al mismo tiempo, reflexionar sobre modelos laborales en los que la salud psicológica tenga el mismo peso que la seguridad física. La competitividad no puede construirse sobre el desgaste emocional de las personas. Apostar por entornos laborales saludables no es solo una cuestión ética, sino también estratégica. Porque cuidar de quienes sostienen la actividad económica es, en última instancia, la mejor inversión de futuro.
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