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En busca del extranjero perfecto

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22.02.2026

Publicada en 2015, pero situada en 2022, la novela de Michel Houellebecq 'Sumisión' recoge por boca de uno de sus personajes una curiosa teoría: las ... musulmanas rigoristas salen a la calle con impenetrables burkas, y reservan sus mejores galas y lencería para el hogar, mientras que las occidentales se muestran «elegantes y sensuales durante el día porque estaba en juego su estatus social» para abdicar en casa «de cualquier perspectiva de seducción, vistiéndose con ropa informal y holgada». Al menos lo primero lo puede certificar cualquiera que haya coincido en Galerías Lafayette con las mejores hijas del Islam y obedece a un mundo trazado por una cosmovisión masculinísima.

Lo que explica que el debate en torno a si se deben prohibir el burka y el niqab en los espacios públicos tenga algún recorrido es que estamos hablando del cuerpo de las mujeres, esos territorios ocupados. Si la premisa fuera que los ciudadanos negros pueden ir tapados de arriba abajo porque les han inculcado que ésa es la voluntad de dios y que dios les ama, la controversia estaría ya zanjada. Se trataría de no provocar a los racistas, igual que el velo protege de la lujuria. Se puede decir que cuando la libertad y la igualdad colisionan, una de las dos lleva una máscara.

Otra cosa es que la ultraderecha y su versión zero/zero encuentren siempre pegas a los inmigrantes, unos individuos que no terminan de abandonar todo lo que son para parecerse lo suficiente y en su justa medida a nosotros. A los musulmanes los encuentran excesivamente recatados, reprimidos y devotos, con sus cinco oraciones diarias, pero a los latinoamericanos les acusan de lo contrario, con sus reguetones, sus bailes explícitos y sus letras procaces.

Quizás sea xenofobia, una palabra que existe y designa algo real.

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