Nadie merece nada
Jahel Queralt / El Día
Lo poco o lo mucho que conseguimos lo hacemos gracias a otros. Somos lectores porque otros leyeron antes. Acabamos la carrera porque alguien nos enseñó a estudiar. Sacamos buena nota en el máster porque un profesor nos explicó aquello que no entendíamos. Obtenemos un trabajo porque alguien que estaba en el lugar oportuno nos recomendó o simplemente decidió confiar en nosotros.
Sin embargo, vivimos los logros como éxitos que dependen esencialmente de nuestro esfuerzo, del tiempo que estuvimos poniendo codos, de los contactos que hicimos, de las horas extras que dedicamos a nuestro trabajo, de las decisiones que tomamos. Nos acordamos de todo lo que hicimos nosotros y bastante menos de quienes nos ayudaron a llegar hasta allí.
También olvidamos que las habilidades con las que llegamos al colegio, a la universidad o al mundo laboral son, en gran medida, fruto de casualidades. Nos gusta contarnos un relato de superación al estilo Steve Jobs, pero la facilidad para........
