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Ni parados ni ocupados: los invisibles que explican por qué no convergemos

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09.08.2026

Imagen de archivo de una camarera. / EFE

Una camarera con contrato fijo discontinuo termina la temporada. Durante meses no cobra, nadie la llama parada y tampoco cuenta como ocupada. Existe para su familia, para su casero y para su banco; no para la estadística. A pocos metros, alguien con un contrato a tiempo parcial que trabaja cuatro horas aparece en la foto oficial del empleo exactamente igual que quien trabaja ocho. La foto, sencillamente, está desenfocada. Y llevamos años tomando decisiones a partir de ella.

Cada trimestre celebramos las cifras de empleo, y no mienten: hay más gente trabajando que nunca. El problema es que contamos trabajadores, no horas trabajadas. Igualamos al que hace tres horas con el que hace ocho, y hacemos desaparecer al discontinuo cada vez que su empresa no lo llama. Contar personas nos impide ver el trabajo. Y cuando el termómetro está mal calibrado, la fiebre pasa desapercibida.

Cuando se mide bien -por horas efectivamente trabajadas, no por número de ocupados- aflora lo que la cifra redonda esconde. La infrautilización real de nuestra fuerza laboral,........

© El Dia