No hay que irse lejos para tenernos más cerca
Un grupo de amigos disfruta de una sesión de cine. / SHUTTERSTOCK
Cuando pienso en el mundo en el que vivimos y los problemas que afrontamos como sociedad, me es inevitable ver la búsqueda de comunidad como nuestra principal añoranza, y la pérdida de la misma como pilar fundamental de nuestro desasosiego colectivo.
Escuché en un podcast el otro día a las investigadoras Ana y Carmen de ‘Las Hijas de Felipe' hablar sobre cómo el auge de nun core o la estética monástica femenina es un ejemplo de la necesidad que tenemos de formar parte de un grupo. Lux de Rosalía o ‘Los Domingos’ de Alauda Ruiz de Azúa serían ejemplos de lo mismo: historias de aferrarse a lo espiritual, a la posibilidad de la vida contemplativa y de sororidad que ofrece el convento, como “solución” a las angustias de la posmodernidad.
Y a pesar de que puedo entender de dónde viene todo esto, no puedo evitar cuestionar el por qué la búsqueda de comunidad tiene que ir ligada al resurgimiento y promoción del conservadurismo y de las instituciones de extrema........
