menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

Las opciones de Drago

8 0
06.04.2026

Los ediles de Drago, en primer plano, durante un pleno. / Arturo Jiménez

Nueva Canarias – y en menor medida Podemos – ya no saben que rezarles a los responsables de Drago para que accedan a integrarse en una coalición electoral para las elecciones autonómicas y locales de 2017. Ya se sabe, ese frente de izquierdas en el que también participaría Izquierda Unida y Si se Puede y otras miniaturas políticas, y a las que menesterosos propagandistas conceden nada menos que ocho diputados, ocho, sin que nadie haya explicado tal milagro demoscópicamente. Da igual. Esos ocho escaños fantasiosos no son un cálculo razonable, sino un estímulo onanista. Ocurre que actualmente todas las encuestas disponibles señalan que, de celebrarse elecciones hoy, Nueva Canarias no dispondría de grupo parlamentario propio –son necesarios tres diputados para ello– y Podemos seguiría, muy probablemente, sin representación en la Cámara. El caso de Drago es distinto.

En mayo de 2023 Drago Verde Canarias –se presentó bajo ese nombre– apenas llevaba un año de travesía organizativa y no había acabado su plena implantación de todos los municipios canarios. Y sin embargo la opción liderada por Alberto Rodríguez (antiguo diputado y ex secretario de Organización de Podemos) cosechó, en su bautismo electoral, casi 28.000 votos, un 3,17% de los sufragios emitidos, todavía lejos del 4% imprescindible para entrar en el reparto de los escaños, pero cerca de Unidos Si se Puede, que sacó unos 34.500. La circunscripción más generosa con Drago fue Tenerife, donde superaron a Podemos y sus entonces aliados: 16.761 votos los primeros y 15.859 los segundos. Otra señal: en el ayuntamiento de La Laguna Rodríguez y sus compañeros igualaron en concejales (2) a Unidos si Se Puede.

Para ser más precisos, Drago se quedó a menos de 100 votos de arrancarle un concejal más a Coalición Canaria. Rodríguez y su propuesta de una izquierda no dispuesta a apaños dejó en evidencia el agotamiento de la izquierda lagunera tradicional, y de hecho todos los históricos implicados en el desvencijado proyecto de SSP han salido huyendo de la corporación, incluyendo a los elegidos concejales hace tres años, Rubens Ascanio e Idaira Afonso, raudas fugas convenientemente maquilladas como «rotación de responsabilidades institucionales».

Es por lo tanto perfectamente legítimo que Drago reflexione profunda y detenidamente sobre sus opciones en los comicios del próximo año. Muchos militantes piensan que lo fundamental es aumentar la base popular de la organización y reforzar su implantación territorial, y que una alianza electoral podría, incluso, dificultar esos objetivos. Son los que creen que si Drago va piano, irá lontano. Lo fundamental es fortalecer la organización, enriquecer, madurar y extender la propuesta programática, tejer una relación cómplice, colaborativa, con las entidades que trabajan en la sociedad civil canaria, y transformarse en el principal referente de la izquierda en las islas tal vez no en 2027, pero sí en 2031. Eso no significa, a priori, despreciar acuerdos electorales, ni mucho menos poselectorales. Lo que ocurre –eso es lo que comentan los dragonitas– es que no les hace gracia construir y legitimar coaliciones electorales para salvarles el pescuezo a partidos que llevan perdiendo apoyo en las urnas una y otra vez o que se debilitan o facturan por querellas internas. Desprecian el oportunismo de Podemos y consideran a Nueva Canarias un partido más del establishment. Porque la cacareada coalición electoral de Nueva Canarias y los siete enanitos se limita al postrero intento de Luis Campos y Noemí Santana desesperados de no ser barridos parlamentariamente y quizás para siempre.

Estas magias desesperadas –magias negras porque de ese color es su futuro– no se convocan para evitar que ganen apocalípticamente derechas y ultraderechas, sino para sobrevivir ellos mismos como proyecto político, para no ser aniquilados como artefactos y discursos ya obsoletos, destartalados e inconvincentes.

Suscríbete para seguir leyendo


© El Dia