La minoría más perseguida
En 1966, la exiliada del comunismo soviético Ayn Rand publicaría una colección de ensayos sobre economía, titulada “Capitalismo: El ideal desconocido”. En uno de sus capítulos, Rand nos regalaba una reflexión que era tan necesaria en los Estados Unidos de mediados del siglo XX como en la Bolivia del siglo XXI, a saber: Cuando veas que existe una minoría que sea perseguida, odiada de manera irracional y sometida constantemente a la injusticia, buscá quién se beneficiaría de esa situación; a menudo, se trata de un chivo expiatorio para exculpar los propios errores de otro grupo.
La reflexión de Rand podía aplicarse, por ejemplo, a los judíos en la Alemania nazi. En cambio, ella nos invitaba a mirar otra minoría que, salvando las diferencias de grado, estaba sometida al acoso y el abuso: el empresario. El hombre de negocios, a su entender, era la minoría más perseguida de Estados Unidos, pues mientras el movimiento de los derechos civiles denunciaba –con justa razón– la irracionalidad detrás de la segregación, aquel que abocaba su vida a emprender sufría un estigma todavía mayor, tanto por parte de sus propios conciudadanos como del propio Estado.
Bolivia se ha convertido en un perseguidor sistemático de aquellos que, se espera, empleen su ingenio para producir riqueza. No debe sorprendernos, luego, que nuestro país hubiera experimentado cambios significativos en su nivel de vida en los últimos veinte o treinta años. El éxito es penalizado, el lucro condenado y el aspirar a una vida mejor, visto........
