El país que quiere trabajar
Hay frases que aparecen en medio del ruido y, sin proponérselo, resumen una época .“Este país quiere trabajar, no quiere bloquear”. La dijeron ciudadanos bolivianos frente a un grupo de activistas argentinos que llegó al país en plena crisis. La escena podría parecer menor dentro de un conflicto mayor. Un episodio más. Una tensión más. Una frase más lanzada en medio de un país agotado.
Porque esa frase contiene algo más profundo que una consigna. Contiene cansancio. Contiene hartazgo. Contiene una forma de dignidad cotidiana que rara vez ocupa el centro del debate político.
Bolivia lleva semanas viviendo entre carreteras interrumpidas, incertidumbre económica, filas, miedo, desabastecimiento y una sensación colectiva de encierro. En ese contexto, decir que el país quiere trabajar no es una frase contra la protesta. Es una frase a favor de la vida.
A favor del comerciante que abre su tienda sin saber si podrá reponer mercadería. A favor del transportista que necesita circular para sostener a su familia. A favor de la madre que debe llegar a un hospital. A favor del joven que quiere estudiar. A favor del productor que mira cómo su cosecha se pierde en un camino bloqueado. A favor de todos aquellos que no aparecen en los discursos grandilocuentes, pero cargan sobre sus espaldas el costo real de cada crisis.
En Bolivia hemos convertido el bloqueo en un lenguaje político casi habitual. Lo conocemos. Lo entendemos. Lo hemos padecido. Lo hemos justificado algunas veces y condenado otras. Sabemos que detrás de muchos bloqueos existen demandas legítimas, dolores acumulados, regiones abandonadas, sectores que sienten que el Estado solo escucha cuando el país se detiene.
Pero también sabemos otra cosa. Que ningún país puede vivir indefinidamente detenido. Que ninguna sociedad puede transformar la parálisis en método permanente. Que ningún derecho se fortalece cuando termina destruyendo la posibilidad de vivir de los demás.
La democracia necesita protesta. Pero también necesita límites. Necesita escuchar el conflicto, pero también proteger a........
