El bolero que no pidió permiso
En Valparaíso hay canciones que no se escuchan: se filtran. Entre el coro de gaviotas, el olor a fritanga y el vaso que se apoya en la barra, aparece una guitarra y, con ella, esa manera antigua de nombrar la pena sin eufemismos. Ahí -en restaurantes, boites, mercados, ferias, caletas- creció durante décadas un bolero que fue mirado en menos por la cultura oficial: demasiado sentimental, demasiado popular, demasiado directo. Y, sin embargo, era el bolero que mejor entendía al país.
Por eso la partida de Luis Alberto Martínez pega distinto. Murió esta semana, a los 94 años, en el mismo territorio emocional donde su voz fue ley: el puerto. La prensa lo llamó alguna vez “la voz más triste de Chile”, y el Ministerio de las Culturas confirmó su partida como la de un nombre clave de la llamada música cebolla.
Martínez no fue una estrella de vitrina: fue un oficio. Sesenta años cantando en vivo, sosteniendo una estética que siempre pareció fuera de moda y que hoy, con ironía deliciosa, vuelve a sonar moderna. MusicaPopular lo retrata con........

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