Impuestos: ni ángeles ni demonios
En el debate público chileno, los impuestos suelen tratarse como si fueran un fin en sí mismos. Para algunos, subirlos siempre es una señal de justicia; para otros, bajarlos es casi un imperativo moral. Ambos enfoques simplifican en exceso una discusión que exige mayor profundidad. Los impuestos no son buenos ni malos en sí mismos: son una herramienta. Y como toda herramienta, su valor depende de cómo y para qué se utiliza.
En una economía social de mercado, con un Estado subsidiario, los impuestos deben cumplir un rol claro: apoyar a quienes más lo necesitan y financiar bienes públicos. No se trata de que el Estado añada recursos solo por acumularlos, sino de usarlos bien. Como advertía Jaime Guzmán, “detrás del Estado está cada uno de los chilenos, ya que los ingresos estatales se obtienen de los impuestos que –entre........
