Julio Iglesias, sátrapa, adicto pero ¿abusador?
Pues resulta que servidor justo había terminado de leer la biografía no autorizada de Julio Iglesias, El español que enamoró al mundo, de Ignacio Peyró, cuando elDiario.es publicó la exclusiva acerca de los posibles abusos a sus empleadas por parte del cantante. Dos días antes, para ser más exacto. ‘Timing’ perfecto se llama esto.
Mi impresión del libro, que no deja de ser un compendio de otros muchos libros y reportajes publicados sobre el artista a lo largo de los años, es de prosa fácil en lo formal, de humor contagioso en lo espiritual y de apuntar sin dar en lo esencial. Tiene la delicadeza de no entretenerse demasiado en las partes más morbosas del personaje, pero deja la sensación también de ser un ‘quiero y no puedo’, de intentar contentar a todos, el primero de ellos, al propio Julio.
De él se colige que, como todo en la vida, en la construcción del mito ha habido algo de suerte, mucho de talento y, sobre todo, dosis ingentes de trabajo. No se puede negar lo que Julio Iglesias ha sido, lo que es y lo que ojalá siga siendo en el imaginario colectivo de los españoles. Se lo ha ganado con creces. Pero lo cortés no quita lo valiente y de la lectura del texto se derivan algunos rasgos de personalidad, cuando menos, preocupantes que podrían, mal aplicados, dar carta de naturaleza a las acusaciones.
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Julio Iglesias sería un sátrapa. Probablemente, como muchos de aquellos a los que la sociedad ha situado en un pedestal a resultas de su actividad. Inseguro en su adolescencia y juventud, buena parte de esas carencias las ha suplido con un nivel de perfeccionismo y de autoritarismo que han condicionado la vida de los que le rodean. La DRAE define 'sátrapa’ como ‘persona que gobierna despótica y arbitrariamente y hace ostentación de su poder’. Y, siendo sinceros, uno tiene dudas de que, sin ello, pudiera haber alcanzado los éxitos en, por ejemplo, un Estados Unidos donde tuvo a todos locos durante muchos, muchos meses. Debía, probablemente, ser así.
Julio Iglesias sería un adicto. Bien se cuida Ignacio Peyró de pasar por encima de otras........
