Cuatro lecciones para nuestros hijos de unos premios muy especiales
Hay premios y premios. Más institucionales, más formales, más originales, más desenfadados o gamberros. Pero no suele suceder que el ambiente que los rodea sea parecido al de una boda, en el que los invitados asisten sabiendo que algo bueno va a pasar y donde la ilusión de la expectativa contagia a todos los asistentes.
Fue lo que sucedió con los Premios Sociales de la Fundación Mapfre que se entregaron el jueves de la semana pasada en el Casino de la calle Alcalá de Madrid bajo la presidencia de una reina Sofía que desbordó cordialidad y cariño a lo largo y ancho tanto del acto como del cóctel posterior. Lección magistral de 'saber estar'.
Todos los que acudimos lo hicimos en la intuición de que importaban menos los premiados y mucho más los valores asociados a cada uno de ellos. Y según se iban desgranando las categorías, y los galardonados hacían su correspondiente agradecimiento, esa idea preliminar se fue convirtiendo en certeza. Y de qué manera.
De hecho, con cada uno de ellos, no paraba de pensar: 'Esto se lo tengo que decir yo a mis cinco hijos'. Porque se habló........
