La maldición de los expresidentes avariciosos
El razonamiento íntimo que se hacen algunos exjefes de Gobierno debe ser algo así: "Desde la juventud he entregado mi vida a la política. Llegué a la cumbre y nada me satisfizo más que servir de manera brillante a mi país. Pero tras abandonar el cargo me encontré con que no solo había perdido el poder —lo que me dejó un horrible vacío existencial—, sino con que no tenía dinero. De hecho, tras tantos años codeándome con grandes empresarios, inversores exitosos y algún que otro jeque, me sentía vergonzosamente pobre. Era legítimo que intentara resarcirme."
Los expolíticos de éxito tienen razón al pensar que es injusto llegar a los cincuenta y pico años con un piso y cien mil euros en el banco. Pero la mayoría de los que luego intentan ganar dinero lo hacen de una manera respetable. Bill Clinton, Barack Obama, François Hollande, Romano Prodi, Gordon Brown o Angela Merkel han publicado memorias, dado conferencias o impartido clases en universidades de élite; aunque solo los estadounidenses pueden hacerse ricos con estas actividades, a los europeos no les va nada mal, y además mantienen el aura de juiciosos estadistas. Además de eso, Margaret Thatcher, Felipe González y José María Aznar emprendieron una lucrativa carrera como asesores de........
