Marruecos deja a España en bragas
Esto no es un incidente. Es una prueba de fuerza. Y España, de nuevo, no lo ha visto venir. El Gobierno ha respondido como si la historia la escribiese un becario al despertar de la siesta. Pero no. Esto no es un roce diplomático de verano. Es una demostración adicional de debilidad ante un país que sabe dónde golpear y cuánto puede obtener con cada golpe.
Marruecos es algo más que un vecino molesto. Es un Estado que juega duro, invierte fuerte y tiene una idea muy clara de lo que quiere. Además, también es un país con el que se cruzan intereses económicos, de seguridad y de poder geopolítico. No estamos, por lo tanto, ante una relación sentimental, sino ante una situación inevitablemente tensa. Y cuando uno de los entiende el tablero y el otro no, el resultado es tan obvio como este.
Marruecos lleva años trabajando aquí, años aplicando una estrategia sostenida en la que trenza los servicios secretos, las relaciones públicas y la compra de voluntades a través de la influencia. Por eso, es ingenuo pensar que esta crisis surge de la nada, es una aplicación intermitente ante la que no tenemos respuesta desde hace largo tiempo.
No hace falta entrar en fantasías, ni difundir teorías de la conspiración. Basta con mirar la secuencia en seco: Perejil, el grifo de la presión migratoria, Pegasus y las presiones intermitentes sobre Ceuta y Melilla.........
