Le llaman cortesía electoral pero piden sumisión
Hace unos días, el presidente del Gobierno anunció la convocatoria de elecciones generales para el domingo 29 de noviembre. No quiero hablarles de la bronca campaña electoral en la que estamos inmersos, donde los rivales ideológicos y políticos se sacan los trapos sucios y los vídeos descontextualizados. Hoy voy a hablarles de la cortesía electoral.
Cuenta la historia que, en 1642, el presidente de la Cámara de los Comunes, William Lenthall, defendió la independencia de la institución ante los excesos del rey Carlos I de Inglaterra. El monarca irrumpió en el parlamento acompañado de la guardia armada con el fin de detener a ciertos opositores. Cuando preguntó a Lenthall sobre su paradero, este respondió: "No tengo en este lugar ojos para ver ni lengua para hablar sino conforme esta Cámara tenga a bien ordenarme, pues aquí soy su servidor". Esta anécdota sirve para ilustrar la independencia parlamentaria frente al Rey (o la del legislativo frente al ejecutivo). Además, la cortesía desplegada por el jurista inglés permite destacar que es posible preservar las formas sin por ello renunciar al papel institucional de cada uno.
En un Estado normalizado, el respeto mutuo y la lealtad entre instituciones llevarían al desenvolvimiento idílico de la administración y de los poderes públicos, con sus contrapesos y sus límites. En nuestro país, la poca lealtad institucional que quedaba ha sido dinamitada recientemente, especialmente por quienes pretenden un poder omnímodo ajeno a fiscalización y arremeten contra cualquiera que pretenda poner cortapisas constitucionales a sus actos. Es paradójico que sean precisamente ellos quienes pidan decoro al resto, situándose en una posición jerárquica superior desde la que exigen a los demás lo que ellos mismos no ofrecen.
La cortesía es el código básico de convivencia que sujeta a la sociedad e impide que nos echemos los trastos a la cabeza. Es una suerte de amor laico hacia el prójimo como ser humano, reconociendo su dignidad, cualquiera que sea su origen o su condición. De hecho, en tiempos en los que la educación y la contención verbal se consideran superadas en beneficio de la cultura del zasca y de la humillación, el deterioro social es evidente. No en balde el........
