Illa y el día después: cuando Madrid deje de coger el teléfono
Al president Illa le preocupan más sus relaciones con Isidro Fainé, gran manitú del imperio Caixa, que el eventual regreso de Carles Puigdemont a Cataluña. Lo de KRLS será ruido durante 48 horas y luego paz y después gloria. Forma parte del pasado y su ascendente se ha ido consumiendo hasta casi desaparecer. Pierde adeptos y gana detractores incluso en el mundo independentista. Lo de Fainé, en cambio, es otra cosa.
El núcleo duro de la Generalitat se define como un equipo de "progresistas con vocación conservadora". Progresistas en el programa, conservadores en las formas, hooligans de la estabilidad. Esa es la filosofía con la que Illa y su guardia pretoriana —Albert Dalmau, Alícia Romero y Sílvia Paneque— pretenden clausurar el procés, recuperar influencia y reconectar con España. Esto es, que Cataluña vuelva a resultar previsible. Tras una década organizando una república imaginaria, la previsibilidad constituye casi una revolución.
Para completar esa reconexión, a Illa no le queda más remedio que reconstruir los puentes con La Caixa, dañados durante la vorágine fratricida que desembocó en el cese de José María Álvarez-Pallete en Telefónica, la salida de Ángel Simón de Criteria y la renovación exprés de Isidro Fainé como presidente de la Fundación Bancaria La Caixa. Una renovación que coincidió en el tiempo con un reportaje sobre el banquero publicado en Financial Times que el Ejecutivo de Sánchez trató de utilizar para jubilarle anticipadamente.
Sánchez quería ampliar su poder sobre el capitalismo regulado español; Fainé se resistió a ser tratado como otro alto cargo del BOE. Entre ambos quedó Illa, obligado a elegir entre la obediencia debida a Madrid y la supervivencia futura en Barcelona. Ahora toca coser.
El almuerzo del president con la cúpula de la Confederación Española de Directivos y Ejecutivos (CEDE), presidida por Fainé, en el CaixaForum de Barcelona el pasado mes de junio, fue leído como un inequívoco gesto de distensión. La petición de que los premios de la Fundación CEDE, previstos para finales de noviembre con motivo de su XXV Congreso, se entreguen en el Palau de la Generalitat apunta en la misma línea.
La excelente sintonía que se proclama ahora con Fainé se encuentra a años luz de las tiranteces de los últimos meses. Desde el Gobierno catalán se afanan en describir la relación con la Fundación como........
