Nuevo equipo económico para un escenario adverso
La salida de María Jesús Montero como candidata a las elecciones andaluzas ha precipitado un cambio de Gobierno. El ascenso de Carlos Cuerpo a vicepresidente primero, un moderado sin carnet del PSOE, es una señal evidente de que, tras fagocitar a todos los comunistas a su izquierda en las elecciones de Castilla y León, ahora Pedro Sánchez quiere virar al centro y recuperar el tono que consiguió en su primer gobierno de 2018, diseñado por Iván Redondo, y que le funcionó electoralmente en 2019. Veremos si no vuelve a dar otro bandazo después de las andaluzas, donde el PP puede perder la mayoría, donde el partido comunista sigue teniendo mucha implantación. La propia candidata del PSOE comenzó su carrera política en las juventudes comunistas, igual que Yolanda Díaz, Pablo Iglesias o José Luis Ábalos.
La entrada de Arcadi España en el Ministerio de Hacienda también es una señal. Arcadi, como él mismo dice, es "socialdemócrata desde pequeñito", lleva en su ADN la esencia del PSOE histórico de Felipe González, está muy bregado en negociación política, fue jefe de gabinete de Ximo Puig y llevaba personalmente la negociación del gobierno de coalición con Compromís, tenía excelentes relaciones con el gobierno de la Generalitat catalana cuando gobernaba Esquerra, fue consejero de Hacienda en Valencia y llevan diez años pidiendo una mejora del modelo de financiación autonómica, en el que Valencia estaba infrafinanciada. Por lo tanto, Sánchez quiere aparentar ser moderado, pero mantiene como prioridad sus acuerdos con los independentistas para darles el cupo catalán, que es la principal causa que lleva a su partido a la mayor debacle histórica en Andalucía desde la Segunda República, aunque todo parece indicar que el líder del PSOE aún no se ha enterado y ninguno de los pretorianos que le rodean en Moncloa y en el partido se atreve a decírselo.
La toma de posesión de los dos nuevos ministros fue surrealista. Mantienen el relato de "España va bien", justo el día que se publicó el dato de inflación de marzo: subió un punto; o sea, los españoles somos un uno por ciento más pobres que hace un mes. El mismo día, el Banco de España publicó unas proyecciones muy realistas y muy preocupantes. En el escenario central anticipan que la guerra no terminará pronto y usan precios del petróleo y gas promedio para 2026 de 80 dólares barril y 46 euros el megavatio hora. Los precios de ambas materias primas en el mercado están hoy por encima y, por lo tanto, no es un escenario muy estresado, y el Banco de España lo comparte con el BCE.
La realidad es que Netanyahu tiene un apoyo de más del 90 % de los israelitas en su ataque a Irán, ya que piensan que es su última oportunidad para acabar con un régimen que financia a todos los grupos terroristas que amenazan su seguridad y, ante el dilema entre democracia, paz y seguridad, los seres humanos siempre damos prioridad a la seguridad. Por eso, en toda la historia de la humanidad siempre ha habido guerras y siempre las habrá, aunque a los economistas las guerras nos parezcan un dilema del prisionero, donde las dos partes empeoran su nivel de bienestar y recomendemos tomar decisiones para evitarlas. Y Trump no para de mandar tropas al Golfo Pérsico y está enviando marines y fuerzas de élite para invasión sobre el terreno. Puede ser una estrategia disuasoria para que Irán ceda o no, el problema para los inversores es que nunca sabes qué piensa el cerebro del Presidente de EEUU.
Por esa razón, el Banco de España y el BCE, con buen criterio, han presentado un escenario adverso donde la inflación en España y en la eurozona se iría próxima al 6 %. En febrero la inflación en España estaba próxima al 2%, para llegar a una inflación promedio en 2026 del 6 %, sería necesario que la inflación repunte en algún mes próxima al 10 %, como sucedió en 2022, en la guerra de Ucrania. En ese escenario, según el Banco de España, la economía entraría en recesión este mismo año. Si no quieres políticamente reconocer una crisis, habla de previsiones anuales, como hicieron Zapatero y Solbes en 2008 y Rajoy y Guindos en 2012. Cuando tú haces una previsión de PIB promedio anual, suele estar muy próxima a la comparación de junio de 2026 con junio de 2025. Las economías tienen mucha inercia y el PIB del segundo trimestre de este año ya está casi hecho, pase lo que pase en Irán, y, por lo tanto, la previsión para 2026 ya no es relevante. Si miramos el escenario central, con el petróleo a 80 dólares, para 2027 el consumo privado pasaría de un crecimiento próximo al 3,5 % al 1,5 % y la inversión pasaría del 6 % al 2 %.
Los medios, como sucedió en 2008 y en 2012, no han interpretado bien el escenario del BCE y del Banco de España y los titulares han destacado que apenas han variado su previsión de PIB para este año. La realidad es que, si la guerra no acaba pronto y los precios del petróleo y del gas no vuelven a bajar, España y la eurozona entrarán en recesión y destruirán empleo. Los mercados aún no reflejan ese escenario de inflación y los tipos de corto plazo del Euribor y de largo plazo de la deuda pública han subido, pero muy poco. Si la inflación sube al 6 % y es persistente, los tipos oficiales de la Fed y del BCE tendrán que subir. Si la inflación se va al 10 %, como en 2022, los tipos tendrán que subir aún más.
En Alemania ya han pasado del relato a la gestión. La derecha ya tiene un discurso de sangre, sudor y lágrimas para salir de la crisis industrial en la que se encuentran, y el SPD, el PSOE alemán, también. El ministro alemán socialista del ramo ha pedido esta semana reformas para que los alemanes trabajen más horas y para reformar los subsidios que desincentivan el trabajo. En España, Pedro Sánchez y sus ministros están, literalmente, a por uvas, diciendo que: van a regularizar inmigrantes, que van a reducir la jornada laboral, que van a revalorizar las pensiones con la inflación, en una crisis de inflación, y venden como un éxito que cada vez más gente cobre el ingreso mínimo vital. Yo puse el nombre al ingreso mínimo vital cuando coordiné la ponencia económica del PSOE en 2017. Nuestro modelo era una política activa de empleo: si el parado no aceptaba planes de formación y búsqueda activa de empleo, no lo podía cobrar, y era flexible y compatible con sueldos en el sector privado hasta el salario mínimo, similar al que quiere plantear el SPD en Alemania.
Por convención, el BCE y el Banco de España usan tipos de interés de mercado para sus proyecciones y, por prudencia, nunca pueden anticipar una crisis financiera o la provocarían ellos, convirtiendo sus previsiones en una profecía autorrealizable. Pero ese es, para mí, el mayor riesgo de los escenarios que anticipan los bancos centrales, también la Reserva Federal en EE. UU. En España, por fortuna, esta crisis nos pilla mejor que la de 2008, en 2020 y que la de 2022. En 2008 teníamos la mayor deuda externa del mundo y financiábamos nuestra concesión de crédito con emisiones de bonos en los mercados de capitales. Ahora, las familias españolas han reducido su deuda a la mitad y los bancos tienen exceso de depósitos para seguir dando crédito, pase lo que pase en Irán.
En 2020, durante la pandemia, el turismo colapsó y España sufrió más que el resto de países europeos. Ahora, muchos británicos y alemanes preferirán venir a España este verano que a Turquía o a todo lo que suponga pasar con un avión por una zona del mundo donde están tirando bombas y pueden morir. Y, a diferencia de 2022, que estábamos en una dura sequía, nuestros embalses están al 50 % por encima de su promedio histórico, hay una sobreproducción de energía fotovoltaica y la mayor parte de las horas de día los precios de la electricidad están muy bajos. Esta semana, los precios de la electricidad en Francia y Alemania subieron por encima de 100 euros el megavatio hora y, en España, durante muchas horas del día estaban próximos a cero.
Pero nuestro mayor riesgo, y en el que estamos peor que nunca, es la excesiva dependencia del Estado de la emisión de deuda pública. Los españoles nunca hemos pagado más impuestos y nunca hemos estado tan endeudados y hemos necesitado emitir más deuda pública. Esa paradoja la explica principalmente el enorme déficit de nuestro sistema de pensiones y, en menor medida, de sanidad pública, ambos provocados por el envejecimiento de nuestra población. Los inversores ya se han asustado y han empezado a comprar deuda pública segura y, en la zona euro, esa es la deuda pública alemana. Alemania tiene una economía más productiva que España, casi la mitad de deuda pública que nosotros y un gobierno que ya dice lo que los inversores quieren escuchar cuando están asustados. Por eso, la prima de riesgo española ya ha empezado a subir y puede subir mucho más si empezamos a cometer errores, como sucedió en 2008 y 2012.
Como me explicó un profesor en la universidad, un economista es lo que sabe de teoría económica y sus experiencias vividas. Yo ya he vivido esta situación de un cambio brusco del escenario en muchos países y especialmente en España. Cuando estás en el poder, no quieres asustar a tus ciudadanos e intentas protegerles inconscientemente, y tu cerebro se pone en modo disonancia cognitiva, negando la realidad que no le gusta asumir. Mi consejo para los dos nuevos ministros es que no les den vacaciones de Semana Santa a sus equipos y se pongan a diseñar planes y medidas para el escenario de riesgo que anticipan el BCE y el Banco de España. Si, como yo deseo, Trump para la guerra y el precio del petróleo cae, dejas en un cajón para que duerma el sueño de los justos. Pero, si después de acabar la Pésaj, la Pascua judía, el 9 de abril, el precio del petróleo sigue próximo a 100 dólares o por encima, mi consejo es que vayan los dos juntos a Moncloa y le cuenten la realidad al presidente sin anestesia. Cuanto antes aterrice de la galaxia del "España va bien", mejor para todos los españoles.
