¿Cómo estaba la economía española en 1981?
Esta semana se cumplen 45 años del golpe de Estado del 23-F en 1981 y el Gobierno toma hoy la decisión de desclasificar los documentos que aún eran secretos. Ese día pudo cambiar la historia de España, no sabemos cómo ni cuánto, pero lo que sí sabemos es si la situación económica contribuyó a generar un entorno de inestabilidad en ese momento. España era un país de 38 millones de habitantes, muy rural aún, con 12 millones de trabajadores y casi el 20% trabajaba en la agricultura, la ganadería o la pesca. Hoy somos 49 millones de habitantes, 21 millones de trabajadores y sólo el 3% trabaja en el sector primario.
En 1960, Franco accedió a poner en marcha el Plan de Estabilización propuesto por el FMI; se había resistido desde 1954, y la economía española vivió lo que se denomina un milagro económico: crecimientos del 7% del PIB hasta 1973. La crisis del petróleo de 1973 afectó significativamente a la economía europea, ya que con la subida de los costes energéticos muchas empresas industriales dejaron de ser competitivas. La economía europea padeció una rara patología económica denominada estanflación, donde las empresas dejan de tener beneficios, frenan su ciclo de inversión y de creación de empleo, pero los salarios suben y la inflación también, y las economías entran en una dinámica perversa de la que es muy complicado salir.
En España, la situación política complicó aún más la crisis y fue más profunda y prolongada que en el resto de los países europeos. Franco estaba ya enfermo en 1973 y su equipo económico decidió no trasladar las subidas de los precios del petróleo a las gasolinas y los costes energéticos. Campsa, la empresa pública con el monopolio del petróleo, compraba el crudo más caro, pero no lo repercutía al precio de las gasolinas de los consumidores. La empresa acumuló pérdidas, al igual que el resto de las empresas públicas del Instituto Nacional de Estadística, y el Estado incurrió en un déficit del 2% del PIB y la deuda pública subió al 16% en 1981.
Hoy tenemos un déficit mayor y la deuda pública al 100% del PIB, pero formamos parte del euro y el BCE tiene prohibido prestar a los Gobiernos. En 1973, cuando los ministerios no tenían dinero para pagar a los funcionarios, llamaban al Banco de España para que les prestara dinero. La historia y la teoría económica nos enseñan que esos procesos generan inflación, que es un impuesto que empobrece a la sociedad, especialmente a las rentas más bajas. En 1977, cuando los principales partidos firmaron los Pactos de la Moncloa, la tasa de inflación llegó cerca del 30% y en 1981 seguía en el 15%.
Con esa tasa de inflación, los tipos de las hipotecas estaban también próximos al 15% y poca gente podía comprarse una casa y había una grave crisis inmobiliaria y del sector de la construcción. Hoy tenemos la inflación próxima al 2%, negociamos salarios mirando a la inflación futura, no a la pasada, y tenemos tipos de las hipotecas próximos al 2%, los más bajos de Europa, según el BCE.
La economía española destruyó 300.000 empleos en 1981 y entró en recesión, y el golpe de Estado contribuyó a aumentar la incertidumbre. Hubo una intensa fuga de capitales y España era un país no invertible para los mercados de capitales internacionales. En el verano de ese año, las reservas de divisas del Banco de España se agotaron y la economía estuvo próxima al colapso.
El miedo a volver a la dictadura y a otra Guerra Civil, la cuarta en 200 años si contamos las guerras carlistas, llevó a la sociedad a darle una mayoría absoluta a Felipe González el año siguiente y eso mejoró la estabilidad política, pero la crisis económica continuó hasta 1985. Esa estabilidad política fue determinante para entrar en la Unión Europea ese año y España volvió a vivir otro boom de crecimiento del PIB y del empleo.
Los países con mayor renta por habitante son todos democracias consolidadas y las democracias, para ser resilientes, necesitan una economía sana que genere progreso para sus ciudadanos. Por suerte, los españoles ya no tenemos miedo, pero 45 años después del golpe deberíamos tenerle respeto. Nuestra clase política debería bajar el nivel insoportable de polarización que sufrimos los ciudadanos y volver a entenderse, como hicieron sus antecesores en los años setenta y ochenta y gracias a ellos disfrutamos hoy de democracia, más libertad y más nivel de desarrollo humano.
