La semana trágica de Sánchez y la ansiedad de la derecha
En los manuales de la resistencia política se encuentran todas las prescripciones que está observando Pedro Sánchez: negar la solidez de los indicios que incriminan a su entorno político y personal, contrarrestarlos con episodios similares y anteriores de sus adversarios y jamás asumir responsabilidad alguna. Todo, sin embargo, tiene un límite. Esa es la razón por la que la Moncloa y Ferraz sueltan lastre anticipándose a dar por buenas versiones sumariales indiciarias: Ábalos y Cerdán fueron dos ‘traidores’ a la causa; Leire ha sido siempre una ‘fantasiosa’ pero, efectivamente, se reunió con la directora general de la Guardia Civil y con el teniente fiscal de la Secretaría Técnica de la Fiscalía General del Estado; era una militante socialista más, pero se mensajeaba con la presidenta del PSOE y sí, Marlaska le puso durante dos meses contravigilancia. Y el comportamiento del exfiscal general, García Ortiz, al mismo tiempo, resulta espeluznante por sectario. Y así, ¿hasta dónde?
Hasta ya. Se van a ir acabando los circunloquios, los eufemismos, las simulaciones. El lunes, Begoña Gómez comparece ante el juez instructor en audiencia previa en la que podría imponerle medidas cautelares y ratificar su decisión de abrir juicio oral. El martes comparece en el Senado Mercedes González, directora general (aún) de la Guardia Civil. El miércoles (y, quizá, también el jueves) declarará José Luis Rodríguez Zapatero, ya imputado y también investigado por posible delito fiscal y contrabando.
Es muy posible que entre mañana y el viernes próximo, la Sala Segunda del Supremo haga pública la sentencia del caso mascarillas, con condena segura a Ábalos y Koldo (ya adelantada........
