A propósito de 'Mi muy querido amigo Azaña'
Los epistolarios son herramientas esenciales para desvelar las verdades del pasado. Las cartas se escriben -cuando se escribían- en la intimidad, en el ámbito privado y, por lo general, para que su contenido no saliese de la reciprocidad del remitente y el receptor. Pero los síndromes de Diógenes epistolares -aquellos que guardan las misivas porque suponen que su valor testimonial les rebasa- han propiciado un género histórico y literario valiosísimo. La agrafía actual se corresponde con la verborrea del email o de los wasap o de los SMS, lo que banaliza el mensaje y los reduce a cacharrería semántica. Eso que nos perdemos.
Por eso ha sido una buena idea del Instituto Cervantes y de la Secretaría de Estado de Memoria Democrática, en colaboración con el Foro de Henares, publicar en un librito interesantísimo (Mi muy querido amigo Azaña, editorial Nota al Margen) diez cartas de otras tantas personalidades dirigidas al que fuera presidente agónico de la II República, Manuel Azaña. A cada una de las misivas se adosa un pequeño ensayo que las interpreta glosando al remitente e indagando en su relación con una de las figuras más importantes y controvertidas de la historia de España en el siglo XX.
Y así, es un placer leer el texto de Miguel de Unamuno, datado el 24 de diciembre de 2018 en el que vierte una de sus terribles ‘profecías’ sobre la Cataluña que "habrá de separarse del todo del Reino de España" y que califica a Romanones como "el político que ve más claro y obra más turbio", sin que conste........
