Polémicas europeas, una cuestión de índole cultural: la textura del realismo
A principios de semana, Von der Leyen, cabeza de la Comisión, ofreció un discurso a la plana de embajadores para orientar su labor en política exterior. Un discurso controvertido que se ha tergiversado con polémica a raíz de la guerra de Irán. Que si no derramaremos una lágrima por el régimen de Jamenei, promotor de grupos terroristas y asesino de su propia gente. Que si el mundo ha cambiado y el orden internacional basado en reglas no volverá y que no estamos para hacer de custodios. Que si excedía el perímetro de su mandato, etc.
Sobrevolando todo ello, sin embargo, una salva al cambio de los tiempos, el "zeitgeist", la invocación a un espíritu férreo de "realismo", acertadísima. Y en el fondo de la polémica, la figura tóxica de Sánchez en escena con su "no a la guerra", irradiando oportunismo electoral, división e hipocresía. Esta guerra es una estupidez, pero una vez rota, tanto mejor apoyarla porque antes se dirimirá. Y a la hora de hacer muros, aquí sí, fundamentos hay en los 11-S, 11-M, Bataclán o las Ramblas. Con todo, lo más interesante es que el debate político europeo ha roto la hermeticidad y solemnidad diplomáticas entre Estados miembros, un aperitivo de lo que viene.
Bajo esa misma consigna de "realismo" que pretende galvanizar, la crítica más veraz al discurso de la alemana, es que se ha quedado corta, en el umbral. Se pregunta si "las estructuras de gobierno e instrumentos son los adecuados" para la nueva época. Como les pasa a todos los grandes próceres de Europa, todos rondan la figura de un Estado federal y un sujeto político en sus discursos, pero a todos les parece políticamente incorrecto expresarlo desde la institucionalidad —con excepción quizás del último Draghi y el "federalismo........
