El Papa en el Congreso y las dos Españas
FLa visita del Papa a España ha supuesto un intermedio estival al vértigo y trepidación a los que la ristra y gravedad de casos de corrupción están sometiendo a la sociedad española. Un hiato agraciado para ver las cosas con la distancia y perspectiva que nos permite una bocanada de aire fresco. Y dejar de respirar la densa intoxicación impuesta en la esfera de la cosa pública por el fraude de la Moncloa. El martes, este Papa, matemático de carrera, dio un discurso en el Congreso ejemplar para la política. Apeló al “bien común como objetivo último de cualquier actividad política” y señaló la dignidad de la persona como criterio vertebral de la misma. El mensaje fue recibido con un aplauso unánime que duró más de siete minutos. Ver para creer.
La polarización impostada que se ha inoculado a la política de este país los últimos años, por un momento quieta en suspenso, exorcizada por la conexión entre el emisor de un mensaje diáfano y sus receptores. Como si el universalismo de su mensaje, los límites morales al ejercicio del poder, soslayaran cualquier salvedad personal asociada a la oficialidad del cargo, la cabeza de la Iglesia católica. En un entorno político enfangado por los escándalos de corrupción, a cada cual más grave de un día para otro, una luz en las tinieblas.
No pude remediar evocar aquellos versos de Machado sobre las dos Españas con cierta sonrisa. Y reflexionar dónde queda una y dónde está la otra. Y si depurada la excrecencia actual, quedaran propiamente dos.
Ya hay un español que quiere
vivir y a vivir empieza,
entre una España que muere
y otra España que bosteza.
Españolito que vienes
al mundo te guarde........
