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Alto el fuego parece, tregua no es: guía práctica para la ceremonia de la confusión

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10.04.2026

Estamos ante un alto el fuego confuso, frágil y sin un marco de referencia estable. Esta es la conclusión de lo ocurrido en las últimas 48 horas. Se trata de una situación volátil, aunque sea mejor que la “aniquilación de la civilización” persa con la que amenazaba Donald Trump horas antes.

Como no parece haber ningún papel firmado, cada uno de los tres actores principales (EEUU, Israel e Irán) dice haber entendido cosas distintas. Pero es que incluso dentro de cada bando se repiten mensajes contradictorios. Las palabras del vicepresidente J.D Vance no coinciden siempre con las de la portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, que a su vez puede enmendar al secretario de Estado, Marco Rubio. Y un tuit de Donald Trump siempre es capaz de anular todas las versiones anteriores.

Otro detalle a tener en cuenta es que resulta imposible evaluar los detalles de un acuerdo que aún no se ha producido. Porque hasta el momento solo hay un par de certezas: Estados Unidos e Israel han dejado de bombardear Irán y los ayatolás han reducido drásticamente sus ataques contra los vecinos del Golfo. Ni siquiera eso está del todo claro: algunos drones Shahed se lanzaron en las primeras horas, probablemente porque el mando de la república islámica, por su propio esquema de supervivencia, no tiene un control directo sobre todo el territorio, y menos sobre sus proxies.

Bajo esta única premisa, y mientras se forcejea por la vía de los hechos en todo lo demás, se ha abierto únicamente un periodo de dos semanas para debatir. El cese de las hostilidades, si se mantiene, lo único que habilita hasta el momento es una mesa de negociaciones en Pakistán. Todos saben que salir de ahí con un acuerdo estable no será una misión sencilla. Recordemos que a Barack Obama le costó dos años y medio sellar algo sólido con los ayatolás… y eso en tiempos de paz.

Lo que es importante entender en estas horas es que ni Washington ha aceptado los diez puntos de la propuesta iraní -más bien ha concedido que están abiertos a discutirlo-, ni Irán se ha comprometido a liberar el estrecho de Ormuz -dejándolo tal y como sucedía antes de la guerra-, ni mucho menos a entregar sus armas nucleares.

Más allá de la diplomacia de los tuits, la propaganda y las ceremonias de la confusión, podemos analizar cuál es la situación en la que arrancan las negociaciones en Islamabad en sus cuatro puntos más espinosos.

1. El control de Ormuz

El alto el fuego no ha logrado reactivar el tráfico en el estrecho de Ormuz, ni está normalizando el tránsito del 20 % del petróleo mundial, ni el de los fertilizantes, ni el de todas esas mercancías que se necesitan para evitar una crisis económica planetaria. De hecho, en lugar de mejorar la situación, en las últimas horas han cruzado muy pocos barcos. La mayoría permanecen a la espera debido a la incertidumbre. Recordemos que Irán mantiene el control del paso, exige permisos y reclama pagos (hasta 2 millones de dólares por petrolero). Además de ser una práctica no contemplada por el derecho internacional al tratarse de aguas internacionales, existen riesgos de seguridad evidentes, falta de claridad en las condiciones y problemas con los seguros.

Pero el régimen no ha renunciado en ningún momento a seguir utilizando el estrecho como vía de presión para asegurarse una herramienta de disuasión ante nuevos ataques. Parecen decididos, además, a seguir cobrando peajes de tránsito, al menos durante una temporada, para sufragar la reconstrucción de los daños provocados por la guerra. Ofrecen algunas opciones, como crear una suerte de joint venture con el vecino Omán (país situado al otro lado del estrecho). Ideas que, en cualquier caso, tardarían un tiempo en implementar, aunque solo sea por motivos logísticos.

Trump ha llegado a considerar todo lo anterior como una opción aceptable para el acuerdo de paz, incluso ha hablado de que los beneficios de esa aduana se repartan entre Teherán y Washington. Aunque al mismo tiempo ha amenazado a los países europeos de la OTAN con represalias si no envían inmediatamente sus barcos a deshacer el nudo gordiano de Ormuz. Todo y su contrario. Para variar.

2. Los proxies de Irán y la agenda de Israel

Las autoridades iraníes insisten en que no hay acuerdo de paz posible que no incluya a sus proxies en el cese de las hostilidades. Estamos hablando fundamentalmente de la guerrilla chiita de Hezbolá en Líbano y de las milicias que operan en Irak.

En respuesta, Israel se pasó las primeras 24 horas de tregua bombardeando inclementemente Beirut. Ayer, después de que Vance y Trump repitiesen en varias ocasiones que Líbano quedaba fuera del acuerdo (el vicepresidente llegó a decir que los iraníes no entienden el inglés), Netanyahu se avino a negociar con el gobierno libanés, algo que lleva meses ofreciendo Beirut. Más tarde se filtró que Washington habría estado tanteando a Jerusalén para extender el alto el fuego a toda la región, tal y como exige Teherán.

Lo cierto es que la urgencia política de Netanyahu, presionado tanto por aliados como por opositores en su país, es un elemento de desestabilización añadido para llegar a una tregua sólida. Netanyahu subrayó anoche que "no habrá alto el fuego en Líbano". Si la guerra se cierra con concesiones a Teherán, es previsible que Israel haga todo lo posible por reiniciar las hostilidades. Por ejemplo, mediante ataques selectivos o intensificando sus campañas en Líbano, tal y como hizo nada más anunciarse el alto el fuego.

3. El programa nuclear iraní

Este punto, que en teoría está en el origen de la guerra, solo aparece estos días como asunto secundario en los tuits de Trump y las intervenciones de su gabinete. Irán ni siquiera lo contempla en el famoso plan de diez puntos enviado a Pakistán, ni ha mostrado ninguna intención de hacer concesiones al respecto. En una versión en idioma farsi, algo diferente a la difundida en inglés, exige que se le reconozca el derecho a enriquecer uranio con fines civiles, no para fabricar bombas. Aunque sus capacidades nucleares y balísticas han quedado muy dañadas por la campaña de bombardeos, el régimen sigue disponiendo de uranio enriquecido y mantiene las bases necesarias para retomar su programa nuclear.

Trump ha llegado a decir que está dispuesto a levantar las sanciones económicas que pesan desde hace décadas sobre Irán —precisamente uno de los diez puntos de Teherán— si el régimen se deshace del uranio enriquecido. Pero la mayoría de los analistas apuntan a que la cúpula iraní no tienen muchos motivos para fiarse de ese trato, ya que las sanciones se pueden quitar y poner, pero el uranio enriquecido una vez que lo entregues, no te lo van a devolver. Después de lo ocurrido en las últimas semanas y del reguero de muertos —empezando por el difunto Líder Supremo, Alí Jameneí—, el régimen tiene razones para desconfiar de las promesas de Trump. Y tiene, también, todos los incentivos para acelerar la construcción de un arsenal atómico que les proteja realmente de nuevos ataques, como hizo en su día el régimen de los Kim en Corea del Norte.

4. Todo lo que se queda fuera

Algunas de las pretensiones iniciales de Estados Unidos e Israel cuando comenzó la operación están ya completamente fuera de la conversación. La más clamorosa es la del “cambio de régimen”, un tema del que no se habla desde hace semanas más que en marcos retóricos o propagandísticos. No hay presiones para liberar presos políticos, ni para devolver la conexión a Internet a la población, ni tampoco para desmantelar las redes del régimen iraní en el extranjero.

También parecen haberse olvidado todas las ideas sobre el control del petróleo iraní destinado al mercado chino, las reformas en la cúpula militar para desmantelar las estructuras económicas y de control del régimen... Dos temas, por citar algunos, con los que se había especulado ampliamente antes de la guerra y en los compases iniciales de la campaña.

En resumen, está por ver qué ocurre en Islamabad, cuánto aguanta este alto el fuego y cuál es el resultado final. Las mejores cartas, por el momento —y a pesar de su inferioridad militar, económica y de haber sufrido las mayores pérdidas—, las tiene Irán. Siempre, claro está, que Trump no regrese a la hipótesis de la Ultima ratio con las que ya ha amenazado en más de una ocasión.


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