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La tecnología no salvará nuestra democracia; las humanidades, quizá

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10.03.2026

Pico y Placa Medellín

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Por Javier Mejía Cubillos - mejiaj@stanford.edu

Cuando tenía unos ocho años, en el colegio, tuve una discusión con un compañerito de clase. Es un recuerdo vago. He olvidado la mayoría de los detalles, pero recuerdo que discutíamos sobre quién era el mejor jugador de fútbol del mundo.

Mi compañero decía que el mejor jugador del mundo era el “Nene” Mackenzie.

¿Quién era el Nene Mackenzie? Era el delantero estrella de Atlético Nacional, uno de los equipos más populares de Colombia. No sé por qué él pensaba que Mackenzie era el mejor del mundo. Me imagino que su familia era hincha de Nacional, que su papá le repetía que ese era el mejor equipo del planeta y que él, siguiendo alguna lógica transitiva, concluía que su jugador estrella también debía ser el mejor del mundo.

Yo no tenía una respuesta concreta a la pregunta, pero mi rudimentaria noción de las jerarquías del fútbol me hacía difícil aceptar que la respuesta correcta fuera un jugador del Nacional.

El problema era que no sabía cómo probarlo. Recuerdo perfectamente la frustración de saber que ese niño estaba completamente equivocado y no tener una forma clara de........

© El Colombiano