Lima, vergüenza mundial
El domingo 4 de octubre se celebraron las elecciones regionales y municipales del Perú. Esta pudo haber sido una extraordinaria oportunidad para que la oposición antifujimorista conquistara numerosos gobiernos regionales y alcaldías de capitales, incluida Lima Metropolitana. Sin embargo, fue incapaz de unificarse y articular una alternativa común con el movimiento popular.
Juntos por el Perú, Ahora Nación y Obras, que confluyeron contra Keiko Fujimori en la segunda vuelta presidencial, no trasladaron esa convergencia a la elección capitalina. No acordaron una candidatura unitaria mediante una elección interna. Al presentarse divididos, redujeron considerablemente sus posibilidades. Ricardo Belmont obtuvo su peor votación en la metrópolis donde fue elegido alcalde dos veces, mientras Juntos por el Perú no consiguió convertirse en una alternativa de peso nacional.
Fuerza Popular, el partido de Keiko Fujimori, aparentemente no ha conquistado ningún gobierno regional ni alcaldía de capital provincial. Eso evidencia las limitaciones de su organización, aunque buena parte de las demás fuerzas comparte aspectos fundamentales de su modelo económico y político.
En Lima compitieron 26 listas, aunque solo 24 mantenían formalmente una candidatura a alcalde. La mayoría de estas organizaciones se quedará sin obtener siquiera un regidor. La fragmentación no produce necesariamente mayor pluralismo: bajo las reglas vigentes, puede facilitar la concentración del poder municipal.
El sistema electoral de esta metrópolis de más de diez millones de habitantes presenta serios problemas de representatividad. Mientras en las elecciones de gobernadores regionales existe una segunda vuelta cuando ninguna fórmula supera el 30% de los votos válidos, en Lima Metropolitana basta ocupar el primer lugar, por pequeño que sea el respaldo obtenido.
En 2022, Rafael López Aliaga ganó con el 26,34% de los votos........
