Del chiste a la cruda realidad
Del chiste a la cruda realidad
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El pulso europeo al Estado de derecho
Entra un conscigto en un wuskert y replica: «¡Andisprates!». El ignoto que le observa piensa: «Spurgensiáramos». ¿Tiene gracia, eh? ¿No? ¿No se ha reído? ¡Venga, hombre! Es sabido que si un chiste parte de una premisa completamente falsa, incoherente o ajena a la experiencia del oyente, el cerebro no logra procesar esa «incongruencia sin amenaza» que produce la risa. El humor necesita reconocer una realidad subyacente para deformarla sin que pierda el sentido. Hasta Sigmund Freud, en El chiste y su relación con lo inconsciente, dejó escrita una máxima que no me resisto a recordar: «Todo chiste, en el fondo, encubre una verdad». El humor no nace de esa verdad únicamente para hacernos pasar un buen rato. Es una medicina impagable para mantener la cordura en tiempos difíciles, aunque conviene dosificarla: una gracieta a destiempo causa estragos. La vida real es........
