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El Curso de Pintores Pensionados cierra su última edición en la Alhóndiga

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El Curso de Pintores Pensionados cierra su última edición en la Alhóndiga

La muestra «Paisaje Pintado» reúne la obra de la promoción y reparte sus tres medallas

Inauguración de la Exposición

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La exposición «Paisaje Pintado» de la 108ª edición del Curso de Pintores Pensionados se inauguró ayer en la Alhóndiga, una muestra que reúne la obra de los dieciséis artistas, seleccionados por las facultades de Bellas Artes de toda España, que durante unas semanas han pintado la ciudad y su provincia. El acto, organizado por la Real Academia de Historia y Arte de San Quirce, sirvió para entregar los diplomas y las tres medallas de la edición y dejó sobre la mesa una reivindicación de la coordinación del curso: el regreso a su sede histórica, el Palacio de Quintanar, cuya gestión se debate ahora entre la Junta y la Diputación.

Un paisaje que se vuelve amarillo

La palabra que más repiten los pensionados al describir lo que han encontrado en Segovia es el color. Y, dentro del color, un tono: el amarillo. David García Velázquez, de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad del País Vasco, lo resume con una imagen que condensa el contraste entre su tierra y la meseta. «El mar allí es azul o verde, y aquí el mar es amarillo», afirma, en referencia a unas praderas que describe «sin fin» y que le transmiten «la misma sensación de tranquilidad y de infinitud» que el Cantábrico.

La misma percepción reaparece en María Luisa Rufete, de la Facultad de Bellas Artes de San Carlos (Universitat Politècnica de València). Para ella, la diferencia con el paisaje valenciano está sobre todo en «un amarillo muy intenso, un amarillo dorado» que se nota tanto en los campos como en un cielo que, apunta, «no tiene tanto violeta» como el de Valencia.

Miguel Nieto, de la Universidad Complutense de Madrid, que fue el color inesperado lo que acabó atrapándole: «Había verdes en sitios donde no me esperaba», señala, y son las panorámicas y el verde de los parques lo que más le ha llegado. Otros han mirado directamente a la piedra: Mirko Argento, romano matriculado en la Facultad de Bellas Artes de Altea (Universidad Miguel Hernández de Elche), confiesa que lo que le «chocó por dentro» no fueron los campos, sino los esgrafiados de las fachadas segovianas, de los que dice haberse «enamorado». Para él, uno de los valores de la experiencia ha sido pintar al aire libre y comprobar cómo «el mismo paisaje» lo interpretaba cada compañero a su manera.

«Acompañar sin imponer»

La diversidad de procedencias (dieciséis facultades, dieciséis lenguajes) es,........

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