Al menos hay salud
“Al menos hay salud”. Es una frase que muchos hemos escuchado —y repetido— como consuelo cuando en otros aspectos de la vida las cosas no van bien.
Pero detrás de esa expresión hay una verdad profunda: pocas cosas son tan fundamentales como la salud.
La economía, el trabajo, la educación y la vida misma dependen, en gran medida, de la capacidad de responder oportunamente a una necesidad básica: la atención en salud.
En Colombia, el sistema de salud arrastra problemas estructurales desde hace años: insuficiencia en la financiación, deudas acumuladas, barreras de acceso, brechas en lo rural y una alta presión sobre la red hospitalaria.
Parte de estas dificultades tienen origen en un diseño que suponía una mayor formalidad laboral —con un 60% contributivo y 40% subsidiado— que nunca se materializó, generando déficits crecientes.
A esto se sumaron fallas en la supervisión, corrupción y vacíos normativos que permitieron abusos dentro del sistema.
Aun así, el sistema tenía elementos que sí funcionaban. Colombia logró una cobertura cercana al 100%, un bajo gasto de bolsillo —alrededor del 15%, muy por debajo del promedio mundial— y un modelo de aseguramiento que, con dificultades, permitía organizar la atención.
Durante la pandemia, esa capacidad quedó en evidencia y fue reconocida incluso a nivel internacional.
Hoy la situación es distinta. El gobierno de Gustavo Petro llegó con la promesa de mejorar el sistema y planteó una reforma orientada a una mayor centralización como solución.
Sin embargo, ante........
