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Lo caro que se volvió seguir a la Selección

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26.03.2026

Hace unos años ver un partido de la Selección Colombia tenía un ritual muy básico. Uno se ponía cualquier camiseta heredada, normalmente un par de tallas más grande y de marca Lotto o Humbro, y se sentaba frente al televisor a apoyarlos. Eso era todo. No nos importaba la foto para Instagram ni que la mayoría de veces perdiéramos los partidos.

Con el tiempo todo mejoró, tanto la talla de la camiseta que ya era propia, como el fútbol de nuestros compatriotas. Pero hubo algo que empeoró, y es que con el tiempo seguir a la tricolor se volvió caro, porque se convirtió en un una moda arrastrada por el lujo financiero que muchos colombianos no pueden costear.

La camiseta oficial de Adidas que utilizaremos en el Mundial de este año cuesta $600.000 pesos, que equivalen al 42% del salario mínimo que ganamos en Colombia. Una completa locura. Y esto sin tener en cuenta a los hombres que sueñan con el conjuntico completo, a quienes la chaqueta y el pantalón les costarán más de un millón y medio de pesos. Más de un salario mínimo para vestir los colores de un país que vive tanto del fútbol como de las apariencias.

Y la ropa es solo el comienzo. Una boleta para ver a Colombia en Barranquilla en las eliminatorias pueden superar el millón de pesos, y para el Mundial la situación ya es surrealista. El partido Colombia vs. Portugal en Miami es uno de los más soicitados según la FIFA, con más de cinco millones de peticiones para comprar la boleta en las primeras 24 horas de venta oficial. Para ese partido, las boletas oficiales de categoría 1 empiezan desde 700 dólares, unos 2.6 millones de pesos, y en el mercado de reventa ya han llegado a venderse hasta 65 veces su valor original, o sea unos $40 millones de pesos por una entrada. ¡Casi lo mismo que ganan nuestros honorables políticos en un mes de arduo trabajo!

Todo esto me genera una paradoja. Colombia es uno de los países que más dinero deja a su selección de fútbol en todo el mundo. Dice la FIFA que Colombia está entre los diez países con más solicitudes de boletas para el Mundial 2026, por encima de muchas selecciones europeas de renombre. E inevitablemente, más billetes también generan más volumen en los bolsillos de las directivas. El año pasado, la Federación Colombiana de Fútbol registró ingresos por $180.947 millones y una utilidad de $128.217 millones, o sea, más de US $30 millones de dólares de utilidad, en un año. Increíble. El negocio de la Selección nunca había estado tan gordo, y a la misma vez, el bolsillo de los hinchas tan flaco.

Mis amigos economistas denominan la fiebre por la tricolor como una “distorsión”, porque vemos un producto con demanda inelástica en un mercado con poder adquisitivo frágil. Los precios de Adidas son globales y por esto nuestra camiseta cuesta igual que la que Adidas fabrica para las Selecciones de Alemania o Argentina, pero la diferencia es que el salario mínimo alemán supera los dos mil dólares mensuales, así que en Alemania, comprar la camiseta original representa menos del 8% del ingreso básico, mientras que en Colombia supera el 40%. Lo que allá es un gustico, aquí es una decisión de presupuesto familiar.

Y cuando lo original se vuelve impagable, la informalidad aparece para llenar el vacío del deseo. Sobre todo en Colombia donde somos amantes de la falsificación. En épocas de Mundial las réplicas surgen como girasoles en cada semáforo del país, muchas de ellas con calidad razonable y generando el mismo patriotismo amarillo que las originales. La piratería en Colombia es un problema estructural que dejaré para otra columna, pero una parte de su origen es precisamente esa disputa entre el anhelo de pertenecer a algo, y el precio que no podemos alcanzar.

Lo más incómodo para mí, sin embargo, no es el precio en sí. Es saber que Colombia es un país donde muchas familias priorizarán comprar la camiseta antes que pagar la factura de los servicios o el mercado del mes. Y no es porque seamos irracionales, sino porque el fútbol en nuestro país cumple una función emocional que ningún artículo de primera necesidad puede reemplazar. El fútbol nos une como pocas cosas lo hacen, sobre todo la Selección. Sentimos la obligación, por ende, de pertenecer a esa ola cueste lo que cueste.

Con el aroma de un café 100% colombiano, los saludo,

Santiago Ospina López


© Diario del Huila