La motocicleta del asalariado en manos de criminales
Por: Gerardo Aldana García
Hay una tragedia silenciosa que recorre nuestras carreteras, una que no siempre sangra en los titulares, pero que desangra el alma de las familias que habitan la periferia. En el corredor que une a Neiva con Rivera y se extiende hacia Campoalegre, el asfalto se ha vuelto un escenario de sombras donde el trabajador, ese que madruga con la esperanza a cuestas, se convierte en la presa de una delincuencia que no solo arrebata máquinas, sino proyectos de vida. Campesinos, vigilantes, madres cabeza de hogar, jóvenes estudiantes; son objeto de la amenaza de ladrones y atracadores de motocicletas, quienes, con asombrosa desfachatez, comenten sus crímenes incluso sin importarles quedar registrados en cámaras de seguridad.
Las estadísticas del 2025 nos devuelven un reflejo amargo: en el área metropolitana de Neiva, el hurto de motocicletas ha mantenido una frecuencia alarmante, con picos que superan los ochenta casos mensuales en sectores críticos. Para el hombre de El Caguán o el labriego de Rivera, la motocicleta no es un capricho del acero; es el caballo........
