menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

Que la política no nos quite la familia

21 0
26.03.2026

Hay épocas en las que la política deja de ser un asunto de noticieros, plazas públicas o debates televisados, y se instala de lleno en la vida cotidiana. Colombia está viviendo una de ellas. Pasadas las elecciones de Congreso y en plena antesala de la contienda presidencial, el país respira campaña por todos lados. Y eso se nota en lo más simple: en el almuerzo del domingo, en la visita a los abuelos, en el café con los amigos, en la conversación casual que termina, casi sin darse uno cuenta, hablando de candidatos, de miedos, de esperanzas y de un futuro que cada uno imagina de manera distinta.

Hasta ahí, todo podría entenderse como parte natural de una democracia. Es sano que la gente hable de política, que se interese por el rumbo del país, que pregunte, que cuestione y que compare. Lo preocupante comienza cuando esas conversaciones dejan de ser un ejercicio de ciudadanía y se convierten en una especie de prueba de lealtad emocional, donde pensar distinto parece suficiente para romper la armonía de una casa o enfriar una amistad de años.

Ese es uno de los grandes problemas de este tiempo: la política ya no solo divide opiniones, sino que amenaza con fracturar afectos. Y eso ocurre porque, en medio de la polarización, se ha vuelto frecuente que la conversación no busque entender, sino vencer. Se habla para marcar territorio, para demostrar superioridad, para desacreditar al otro. Entonces el debate ya no gira alrededor de ideas, sino de sospechas, etiquetas y juicios morales. El que no piensa como yo no está equivocado: está perdido, manipulado o del lado incorrecto de la historia. Con esa lógica, ninguna........

© Diario del Huila