La política de la farsa
La política de la farsa
El teatrillo, la impostación, las muchas maneras de vender el producto político cuando está defectuoso... El objetivo no es convencer a los ciudadanos, sino tratar de distraerlos y ganar tiempo
Pedro Sánchez. / José Luis Roca
A pesar de que Pedro Sánchez es maestro en el arte de engañar siempre a todos, el hecho es que llega un momento en que se le acaba viendo el plumero, por mucho que se camufle. Es cierto que la política es una de las disciplinas en que más éxito tiene el juego de las mentiras pero, incluso en este territorio maleable, acaban teniendo las patas cortas. La excitación indignada, el histrionismo, la reacción sobreactuada, todo forma parte del teatrillo de la política, especialmente cuando hay que camuflar la incapacidad de gobernar, con la impostación retórica. Pero que sea una práctica desgraciadamente común no garantiza su éxito; sobre todo, ante una ciudadanía que empieza a estar harta de todo. Sófocles decía que una mentira nunca vive suficiente tiempo para hacerse vieja.
«De momento, a Sánchez le funciona», me dice un amigo descreído, de aquellos que han roto todas sus complicidades ideológicas, y es cierto que Sánchez ha conseguido ganar tiempo desviando su precariedad parlamentaria con grandilocuencia internacional: la épica exterior para esconder el fracaso interior. Pero que Sánchez salga adelante, al menos a corto plazo, no quiere decir que lo hagan sus adláteres,........
