Anatomía del mal humor
Anatomía del mal humor
La irritación como síntoma
Anatomía del mal humor / .
Hay países que tienen problemas. España, además, tiene estados de ánimo. Y últimamente uno muy concreto: el mal humor colectivo. Todo el mundo parece enfadado con algo. O con alguien. O consigo mismo.
No hablo de la indignación política, que en este país forma parte del paisaje como las rotondas, las obras sempiternas o las discusiones sobre la tortilla de patata. Se trata de algo más profundo y cotidiano. Una irritación ambiental. Una fatiga nerviosa. Una especie de electricidad moral que parece haberse instalado en las conversaciones, en las redes sociales, en los bares, en las familias y hasta en la forma de tocar el claxon.
Uno abre la prensa, escucha la radio, enciende la televisión o consulta el teléfono y encuentra desconocidos insultándose con la pasión de quienes defienden una trinchera. Incluso pedir una cita médica acaba convirtiéndose en combate urbano.
Hay personas que antes discutían de fútbol y ahora discuten de geopolítica energética con el mismo tono con el que se reclama un penalti en el minuto noventa y tres.
El mal humor se ha democratizado. Ya no es patrimonio exclusivo de taxistas adustos ni de columnistas a punta de Alka Seltzer. Hoy cualquiera puede levantarse irritado antes incluso de desayunar. Basta mirar el móvil.
Quizá porque vivimos sobresaturados de estímulos y de agravios. Nunca habíamos tenido tanta información y nunca habíamos administrado peor nuestra tranquilidad. El ciudadano contemporáneo desayuna........
