La épica delo cotidiano
La épica delo cotidiano
La épica delo cotidiano / EP
Era lunes, primera hora de la mañana, hacía poco que había amanecido. Tenía el balcón abierto para intentar refrescar la habitación, caldeada por el calor de un verano meteorológico que se resiste a acabar mientras el astronómico se aproxima a su final llevándose consigo cada día entre dos y tres minutos de luz. Estaba haciendo la cama y de pronto escuché a alguien, hombre, Ramón, ¿qué haces por aquí tan temprano?, ¿cómo andas?, hacía tiempo que no te veía, venga, que te invito a desayunar, por lo menos un café.
El destinatario de esas palabras, en absoluto forzadas, tampoco falsas, estaban pronunciadas desde la compasión, era un hombre sin edad, a eso te condena la calle, dejas de cumplir años en cuanto pierdes tu casa, salvo que seas sintecho en Madrid, entonces además tus pertenencias y enseres acaban en la basura, al que yo había visto un rato antes sentado en un portal, barba de varios meses, mirada perdida, en mi paseo con Turrón. No, déjalo, no hace falta, estoy bien aquí, le contestó, que no, hombre, así te tomas algo caliente, vamos, insistió, y se fueron a un bar que hay en la esquina de esa calle, cuando........
