De lo que aceptamos y lo que no
De lo que aceptamos y lo que no
Lo que la mayoría consideramos normal, estándar o común, determina las reglas sociales, y, consecuentemente, las normas no escritas que rigen la convivencia. Nos reprimimos, es decir, nos educamos, para modular comportamientos que nos permitan un marco común socialmente aceptado.
Por ejemplo, si estando en la oficina bancaria entrase un señor en calzoncillos, barriga cervecera, pelos de loco y canillas de pollo; de los que se sienta a esperar su turno mientras se hace el caracolillo, nos plantearíamos llamar a la Guardia Civil o al 061. Porque socialmente no lo aceptamos.
Reaccionamos frente a lo que altera la convivencia: prohibimos las drogas porque son causa o fuente de delitos, porque desestructuran familias y porque sesgan vidas. Con el tabaco o el alcohol somos más indulgentes porque socialmente son o fueron aceptadas o porque inducen a socializar. Recuerdo hace unos días a raíz del aniversario del 23F, otra época, ver a Felipe González en TV1 fumándose un puro en el escaño. Hoy está prohibido porque hemos interiorizado que el tabaco produce cáncer, un gasto sanitario fabuloso y porque hemos evolucionado. Con el juego, sin embargo, nos mostramos complacientes, aunque sea tan perjudicial como los anteriores: dese una vuelta por Palma y cuente los ‘Punts de Joc’.
Pero la........
