Cuando la música puede ser un suplicio
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Àngels Fermoselle Paterna
Cuando la música puede ser un suplicio
Feli Marcos, en el centro. / A. F.
Hace unas semanas, una amiga entrañable, Feli Marcos, me invitó a merendar a su casa, un acto social que me encanta y que se va perdiendo. Su piso, en el passeig Sagrera, en un edificio obra del arquitecto Bennàzar, está cargado de historia y de belleza, por fuera y por dentro.
Antes de subir -eran las 7 de la tarde- me sentí aturdida por un sonido-vibración muy molesto, hasta el punto de que me resultaba casi insoportable. Le pregunté a otra amiga, Esperança Lliteres, también invitada, experta en soportar agresiones ambientales en Santa Catalina, con la que coincidí en la entrada. - ¿De dónde viene ese ruido inaguantable? - Del Parc de la Mar, me dijo.
No me lo podía creer. Fui a comprobarlo y así era. Se habrán fijado en que, en los últimos dos años, instalan muy a menudo jaimas de plástico blanco en el entorno del lago del parque. Albergan ferias, a veces de temática específica como la de piratas, de emprendedoras, marinera, de gastronomía, de tapas..., algunas con nombres crípticos como la Be Palma... Entra dentro de los planes, a veces equivocados, de dar vida a la ciudad. Y, claro, esos eventos van acompañados de música que, mientras te alejas de allí, se va transformando en un zumbido vibrante que penetra en el cerebro y es un suplicio. Un suplicio para cualquiera, y especialmente para quien vive en la zona. En este caso, estaríamos hablando de una agresión casi........
