TOCOMA… CRÓNICA DE LA EXCELENCIA AL DESMADRE | Por: Adalberto Gabaldón
POR ADALBERTO GABALDON
El Caroní es una de las maravillas de la naturaleza con que Dios nutrió a Venezuela. Es espectacular. Ustedes dirán: «Bueno, todos los ríos se parecen; son, a fin de cuentas, agua que va por unos cauces». Eso es verdad. Pero el Caroní es gigantesco, con el ruido de cien aviones de hélice, que combina dos cosas que no son usuales: una pendiente —el Caroní es un tobogán gigantesco— y una masa de agua monstruosamente monumental. El Orinoco es gigantesco, pero es, por decirlo de algún modo, como un elefante tranquilo; discurre e infunde temor, pero se mueve lentamente. El Caroní es como una manada de elefantes enloquecidos y es, quizás en esas condiciones, el más impresionante que tenemos en Venezuela.
Los de los Andes son caudalosos y torrentosos, pero comparados con el Caroní, vamos a decir que son como hermanitos chiquitos, como pequeños burritos parameros al lado de la furia que representa el guayanés .
Cuando en Venezuela surgió la inteligencia después de la larga noche que empezó con la guerra de independencia y terminó con la muerte de Juan Vicente Gómez —donde fueron 150 años de oscurantismo—, emergió la creatividad y el conocimiento en todos los órdenes. Rápidamente, los hombres que tuvieron la oportunidad de formarse en esos años en grandes centros de estudio en el mundo —fueron al MIT, a Stanford, al Imperial College; a lo mejor de la enseñanza planetaria— , se dieron cuenta de que el Caroní, además de infundir respeto y temor, era una fuente de energía impresionante, como ninguna otra en el planeta, y empezaron a revisarlo y analizarlo durante años.Al regresar con esos conocimientos definieron cómo entrarle a ese monumental desafío. A ese torrente turbulento y estremecedor. No era tarea fácil. De nuevo, fue un proceso que demoró años porque, evidentemente, la fuente de energía más grande que Dios le dio al país —más que el petróleo y el gas— estaba metida en ese turbulento y descomunal Caroní .
Ya Venezuela tenía experiencia en hacer obras hidráulicas: La Mariposa, Zuata y Calabozo. ¡Era pan comido! Aunque imponentes, eran exponentes de una ingeniería tranquila, sosegada, previsible. Algo manejable. Entrarle al guayanés era otra cosa y había que entrar con........
