Santísima Virgen del Mercado coronada
Creado: 25.03.2026 | 06:00
Actualizado: 25.03.2026 | 06:00
Llega el viernes más especial, uno de esos días que tenemos reservados cada año, en la memoria de nuestros recuerdos íntimos y personales, marcados en la agenda de nuestras vidas.
Viernes de Dolores, del Mercado, de la Señora de León, de nuestra Madre Eterna, de todos y para todos. Reunidas todas esas querencias que suscitas, de este, tu pueblo leonés, nos apiñamos ante ti, en esta atardecida señalada, en el que tu deambular por el empedrado y frío callejero romano y medieval de esta ciudad imperial, lo conviertes en calor pleno de acogimiento como hijos tuyos, yendo a tu lado, siempre en tu vereda. Todos tus devotos y feligreses queremos ampararnos bajo tu manto, implorando tu perdón por nuestros pecados humanos que, irremediablemente, no sabemos sortear en la vida diaria, para poder estar mas cerca de ti. Y te pujamos, te alumbramos, te rezamos y te cantamos, acompañándote fielmente, para que nos encamines hacia la felicidad de la fe, hacia el bien eterno, hacia tu cielo, que es nuestro cielo. Coronada antes de ayer en el tiempo, no por falta de merecimiento, queremos que acabes con tus lágrimas, con tu congoja y con tu lamento, por este hijo muerto que abrazas en tu regazo. Ese cuerpo inerte que nos estremece al verle, muerto por nosotros, ¡¡solamente por nosotros!! Y nos arremolinamos contigo para que, cuesta arriba de Carbajalas, entres a ver a tus monjitas benedictinas, que esperan esta visita anual con mucha inquietud. Y también te cantan y te rezan y te agasajan como Reina de Reinas. Pasando por la Plaza Mayor, al llegar al templo de los templos, en nuestra Catedral, también el pueblo te lleva en volandas, simbólicamente en los hombros del alcalde, obispo, autoridades, sacerdotes, concejales y militares, todos al unísono, todos al compás de tu aflicción, todos con tu implorar repetido, «
atended y ved si hay dolor como mi dolor». Y más adelante, te espera tu Hijo crucificado, en la capilla de la Victoria. Esa bendita cruz que significa su victoria. Y más allá una parada para una Salve, viendo la ausente mirada de tu cara, expresando tu soberana angustia y paciencia, con siete puñales henchidos en el pecho, que son tus siete dolores y estremecimientos. Y vuelves a tu casa. Y en ella sigues acogiendo cada día, peregrinos de la vida y del Camino, del que eres patrona, postrados siempre a tus pies, implorando tu ayuda para completar nuestro andar terrenal y poder reunirnos para siempre contigo. En versos del poeta Gerardo Diego, en 1930: ¡Oh, Madre mia, no llores, como lloraba María, la llaman desde aquel día la Virgen de los Dolores! ¡¡Virgen del Mercado, ruega por nos!!
