«El turismo debe ser el vehículo de la conservación de la naturaleza»
Esta reflexión de Andrés Ordóñez (Islas Galápagos), compartida en el iBlue Congress de Lanzarote esta semana pasada, resume lo que muchas islas —incluida Ibiza— necesitamos asumir cuanto antes: el futuro de nuestro territorio dependerá de que el turismo no solo sea sostenible, sino que se convierta en la principal fuerza que proteja aquello que lo hace único.
Durante mi participación como ponente en el iBlue Congress by Lanzarote, quedó claro que las islas tenemos un reto común: espacio finito, demanda infinita y una presión turística que, si no se gestiona con datos reales, termina erosionando aquello que queremos mostrar al mundo.
La IA para cuidar lo importante
La visión por computador (Computer Vision) y los sistemas de inteligencia artificial pueden ayudarnos a entender mejor los flujos turísticos.
No se trata de contar turistas, sino de saber cuándo llegan, por dónde se mueven, dónde se concentran y cuánto tiempo permanecen, tal y como expuse en mi ponencia ‘IA para la movilidad sostenible en territorios insulares’. Sin estos datos, seguimos gestionando ‘a ciegas’ y eso significa reaccionar tarde, mal y de forma costosa.
La IA nos permite anticipar saturaciones, rediseñar itinerarios, equilibrar aforos en playas, puertos o centros naturales y proteger zonas sensibles antes de que se degraden. No es tecnología por tecnología: es tecnología al servicio del territorio.
En Ibiza lo vemos con claridad en las recientes noticias. Casi 195.000 vehículos accedieron en 2025 al Parque Natural de ses Salines por el área de ses Illetes. Una cifra a priori enorme para un entorno protegido, pero donde realmente desconocemos como se produce ese flujo y el volumen total de personas que realmente permanecen de forma simultánea: bicicletas, taxis, autobuses, accesos a pie o desde embarcaciones no se registran, y sobre todo, el aforo máximo o capacidad para una adecuada conservación de ese patrimonio natural.
La falta de datos precisos provoca:
- Incapacidad para medir la presión real sobre ecosistemas extremadamente frágiles.
- Imposibilidad de planificar accesos dinámicos o limitar flujos cuando el espacio ya no puede acoger más visitantes.
-Dificultad para justificar inversiones, reforzar conservación o exigir responsabilidades.
Como se debatió en la mesa de Gobernanza del Dato del iBlue Congress, «sin datos no hay gestión; sin gestión no hay conservación».
El mayor y más amenazado patrimonio turístico
La noticia sobre las 207 boyas ecológicas previstas en Ibiza —aún en el aire para la próxima temporada tras años de tropelías ilegales en la costa— evidencia otro problema estructural: la conservación de nuestro fondo marino no avanza al ritmo que exige la presión turística.
Cada retraso en la implantación de fondeos ecológicos significa un año más en el que la posidonia, el principal pulmón del Mediterráneo, queda expuesta al impacto del mal uso de los fondeos ilegales.
Conviene recordarlo tantas veces como haga falta: sin posidonia, Ibiza pierde su atractivo, su economía azul, su identidad y buena parte de su futuro turístico.
Un cambio de mentalidad urgente en Ibiza
La mayor enseñanza que me llevo del iBlue Congress —donde brillaron voces como las de Irina Kadar (Microsoft), Odile Rodríguez de la Fuente o los responsables de destinos como Cozumel, Galápagos o Madeira— es que ya no basta con hablar de ‘turismo sostenible’.
En las islas del mundo se está avanzando hacia un enfoque más profundo: el turismo debe ser el motor que regenera, protege y financia la conservación del territorio que lo sostiene.
En Ibiza necesitamos hacer ese salto cultural ya:
- Pasar de limitar daños a mejorar activamente los ecosistemas.
- Pasar de reaccionar a anticipar gracias a la IA y los datos.
- Pasar de medidas puntuales a gobernanza del territorio basada en evidencia.
- Pasar de ver la naturaleza como un recurso a verla como el corazón de nuestro modelo económico.
Las islas como faros del futuro
Lanzarote, con el iBlue Congress, se proyecta como un faro internacional de las llamadas Islas Azules.
Ibiza debe aspirar a formar parte de ese liderazgo global, pero para ello tenemos que alinear tecnología, instituciones y sector privado en una misma dirección: cuidar aquello que nos hace únicos.
Porque, al final, el turismo no será más sostenible por usar mejor la tecnología, sino porque cada decisión —pública o privada— coloque la conservación de la naturaleza en el centro.
Sigamos trabajando para que la isla sea ejemplo, no advertencia.
La tecnología está lista. Los datos pueden existir. La naturaleza nos está esperando.
Lo que falta es nuestra decisión colectiva de que el turismo sea, de verdad, el vehículo de la conservación de Ibiza.
Suscríbete para seguir leyendo
