Al menos, recordar
Gaza. El nombre ya suena a conflicto antiguo. Evoca a ese conocido afectado por una cruel enfermedad que hasta duele llamar. Sabes qué ocurrirá en esa conversación. Él seguirá anclado en su sufrimiento y tú cerrarás los ojos y suspirarás al colgar, abatido al constatar que nada ha mejorado, que quizá ya nunca lo haga. Por eso cuesta la llamada. Por eso quizá empiezas a espaciar el tiempo entre cada comunicación. Y llegará una noche en que descubrirás que llevas días sin pensar en él. Entonces, la pena se manchará de remordimiento.
Gaza sigue ahí. Cada vez más menguada, cada vez más exhausta, cada vez más atrapada. Los duelos se acumulan y ni siquiera hay espacio para llorarlos. El ejército israelí está construyendo un gran muro de arena de varios........
